Dragón Africano
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Posiblemente originado en el norte de África –aunque su culto se extendió más tarde a Grecia–, el Amphisbaena se trató de un dragón de dos cabezas: una situada en la parte superior del cuerpo y otra en el extremo de su cola. La unión de su cabeza con su cola le permitía crear un círculo y avanzar rodando.

Dragón Africano
Dragón Africano

Amphisbaena se conoce también como Amphisbaina, Amphisbene, Anphisboena, Amphisbona, Amphista, Amphivena y Anphivena; la raíz del nombre proviene de los vocablos griegos amfis (que significa “de dos maneras”) y bainein (que significa “ir”). A este dragón se lo ha llamado “la madre de las hormigas”, puesto que se alimentaba de hormigas, a las que comía con ambas cabezas.

Según la mitología griega, el Amphisbaena mitológico brotó de la sangre de la medusa o cabeza de Gorgona que el héroe Perseo derramó mientras sobrevolaba el Desierto de Libia. Allí creció rodeado de serpientes, alimentándose de cadáveres.

Amphisbaena ha sido un animal celebrado por la lírica de poetas como Nicander, John Milton, Alexander Pope y Lord Tennyson. También fue mencionado como criatura mitológica legendaria por Lucano, Plinio el Viejo, San Isidoro de Sevilla y Sir Thomas Browne.

Por lo que refiere a su aspecto, las descripciones lo muestran como una serpiente –similar a la Boa de Arena, muy común en la India– pero con una cabeza en su extremo. Sin embargo, los dibujos medievales y modernos la muestran con pies de pollo y alas emplumadas. Incluso se la representa con cuernos en la cabeza superior y oídos pequeños, redondos. Sus cuernos suelen ser largos y curvos, o levemente torcidos en espiral.

Muchas descripciones del Amphisbaena lo mencionan con ojos que brillan intensamente como velas o relámpago. Fue una criatura muy común en la heráldica, y se cree que tiene capacidades regeneradoras: una creencia popular indica que si las mujeres embarazadas se colocan un Amphisbaena alrededor de sus cuellos gozarán embarazos seguros.

También se la describe como una serpiente de colmillos venenosos, según las crónicas de Plinio el Viejo.
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