El caso de las hadas de Cottingley

Frances Griffits, una niña de nueve años, estaba en problemas. Había estado jugando cerca del un río llamado Cottingley y se resbaló sobre piedras mojadas, tras lo cual cayó al agua y se empapó sus zapatos y medias. Su madre estaba disgustada, porque le había ordenado a Frances que se alejara del río.

En ese año, 1917, Frances Griffiths había llegado a Inglaterra desde Sudáfrica, y su madre y ella se estaban quedando con la tía de Frances. Frances y su prima, la joven de dieciséis años Elsie Wright, solían jugar cerca del río para preocupación de sus madres.

Cuando Frances regresó del río ese día con sus pies  mojados, su madre le preguntó por qué insistía en regresar al lugar prohibido. La respuesta de la niña anticipó un asunto extraño que duraría cerca de 70 años e involucraría a una de las mentes literarias más grandes de la historia. Le dijo a su madre que había ido a ver a las hadas.

Su madre y su tía no creyeron en lo que decía. La prima de Frances, Elsie, dijo que ella también había visto hadas, y sugirió que tomaran prestada la cámara del Sr. Wright para tomar algunas fotografías. A la media hora de haber tomado la cámara, estaban de vuelta pidiéndole al padre de Elsie que revelara las fotos. Después del té, el Sr. Wright reveló las fotos en su cuarto oscuro. La fotografía mostraba a Frances mirando a la cámara mientras un grupo de cinco hadas danzaba ante sus ojos.
Tras la sorpresa inicial, el Sr. Wright se convenció de que las hadas eran gigantografías. Sabía que su hija era una artista talentosa que disfrutaba dibujar figuras fantásticas. Eventualmente, el Sr. Wright no le prestó más su cámara a su hija ni a su nieta después de que tomaron otra foto con Elsie posando al lado de lo que parecía ser un gnomo.

A excepción de algunas copias de las fotografías entregadas a amigos y familiares, el resto del asunto quedó en el ámbito privado. En 1919 Polly Wright y Annie Griffiths asistieron a una reunión sobre Teosofía. Esta era una disciplina filosófica que incluía entre sus enseñanzas la posibilidad de que existieran espíritus naturales. Cuando la reunión terminó, las mujeres se acercaron al disertante para hablar sobre las fotografías. Fue así como las fotos cayeron bajo la atención de Edgard Gardner, un conocido líder del movimiento teosófico. Escribió a Polly Wright para decirle que sus fotografías eran ‘las mejores de su tipo’. Gardner obtuvo los rollos fotográficos de los Wrights y los envió al experto en fotografía Harold Snelling.

Tras una examinación, Snelling llegó a la conclusión siguiente: ‘Este rollo no fue retocado. Las figuras danzantes no están hechas de papel o de otro material; no están pintadas sobre un fondo fotográfico, pero lo que más me sorprende es que todas estas figuras estaban en movimiento durante la toma de la fotografía’.

Lo que Snelling quería decir con esta última oración es que la velocidad de obturación de la cámara debió haber sido puesta muy baja (cosa que puede ser confirmada por el movimiento de la cascada borrosa detrás de Frances en la primera fotografía) y que las hadas aparecían borrosas, como si la cámara las hubiera tomado en el movimiento de su danza.

Gardner mostró las fotografías a su primo, que a su vez se las mostró a Sir Arthur Conan Doyle. Conan Doyle es el autor de las historias de Sherlock Colmes así como de varias novelas, entre las que se incluye ‘The lost world’.