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Dragones y el juego del Yin Yang

Jorge Luis Borges, en su Libro de los Seres Imaginarios, explica que “La cosmogonía china enseña que los Diez Mil Seres (el mundo) nacen del juego rítmico de dos principios complementarios y eternos, que son el Yin y el Yang. Corresponde al Yin la concentración de la oscuridad, la pasividad, los números pares y el frío; al Yang corresponde el crecimiento, la luz, el ímpetu, los números impares y el calor. Símbolos del Yin son la mujer, la tierra, el anaranjado, los valles, los cauces de los ríos, y el tigre; del Yang, el hombre, el cielo, el azul, las montañas, los pilares, el dragón”.

Dragones y el juego del Yin Yang

Dragones y el juego del Yin Yang

Como vemos, en China el Dragón se asocia al color Blanco o a colores claros y cálidos, como el Amarillo, que simbolizan la pureza y la luz, además de la muerte. Cabe señalar que la significación oriental de la muerte es positiva, diametralmente alejada de la connotación trágica que adquiere en Occidente como herencia de la civilización helénica. La identificación del dragón con estos colores se basa en la creencia de que era un animal bondadoso y formaba parte del grupo de los cuatro animales mágicos junto con el Fénix, la Tortuga y el Unicornio.

Las historias mitológicas consideraron a este fabuloso animal como el padre de los antiguos emperadores. Se dice que uno de los dragones originarios surgió del Río Amarillo y le enseñó a los monarcas el famoso esquema circular que simboliza el armónico juego del Yin y el Yang.

Cabe destacar que en el I Ching: Canon de las Mutaciones el Dragón funciona como alegoría de la sabiduría.

Dragones y el juego del Yin Yang

EL COLOR DE LOS DRAGONES

Los dragones chinos adoptaban diferentes colores según las circunstancias que debían representar. Aparecían los dragones de negro para revelar la llegada de la Destrucción, mientras los dragones amarillos prefiguraban la Muerte. Por el contrario, los dragones azules comunicaban el nacimiento de un personaje célebre. Se dice que cuando nació Confucio, aproximadamente en el año 550 AC., dos dragones de color azul sobrevolaban la vivienda en que se produjo el suceso.

Cada corriente de agua, río o lago contaba con un dragón protector, de acuerdo con la mitología coreana. En la zona septentrional y central de China se los consideraba divinidades de la lluvia que regaban los arrozales y eran capaces de crear las nubes con una exhalación de su aliento. Además, podían generar terribles torbellinos en la tierra y en el mar, o destrozar las nubes con sus garras y, luego de hacerlas jirones, despertar diluvios o chaparrones espantosos.

Documentos que se remontan al año 503 AC. nos indican que dos dragones lucharon en las proximidades de una laguna y expelieron por las fosas nasales una bruma tan espesa que dejaron en sombras a la ciudad de Liang.

Durante siglos, la mitología popular sostuvo que las piedras y el canto rodado de los arroyos situados entre montañas (valles) no eran otra cosa que huevos de dragón. Cuanto estos recibían el impacto de un rayo, liberaban pequeños dragoncitos que subían al cielo.

Continúa Borges, en el libro citado: “Durante siglos, el Dragón fue el emblema imperial. El trono del emperador se llamó el Trono del Dragón; su rostro, el Rostro del Dragón. Para anunciar que el emperador chino había muerto, se decía que había ascendido al firmamento sobre un dragón

Anatomía de Dragones

Los dinosaurios dejaron de existir sobre la faz de la tierra hace millones de años. Como el hombre no pudo ser testigo de su presencia, fue alimentando leyendas a partir de la recolección de restos arqueológicos y especuló que estos seres primitivos debían ser criaturas gigantescas similares a enormes reptiles. La creatividad popular sumó una buena dosis de fantasía, y así llegamos a la existencia de los Dragones.

Anatomía de Dragones

Anatomía de Dragones

“El dragón posee la capacidad de asumir muchas formas, pero son inescrutables. En general lo imaginan con cabeza de caballo, cola de serpiente, grandes alas laterales y cuatro garras, cada una provista de cuatro uñas. Se habla asimismo de sus nueve semblanzas; sus cuernos se asemejan a los de un ciervo, su cabeza a la del camello, sus ojos a los de un demonio, su cuello al de la serpiente, su vientre al de un molusco, sus escamas a las de un pez, sus garras a las del águila, las plantas de sus pies a las del tigre y sus orejas a las del buey. Hay ejemplares a quienes les faltan las orejas y que oyen por los cuernos. Es habitual representarlos con una perla que pende de su cuello y es emblema del Sol. En esa perla está su poder. Es inofensivo si se la quitan.” (Fuente bibliográfica: El Libro de los Seres Imaginarios, Jorge Luis Borges)

Más allá de este minucioso inventario ofrecido por el escritor argentino, las representaciones iconográficas convencionales suelen atribuir a los dragones un cuerpo de gran volumen, garras de león, figura de reptil, alas de águila, colas similares a las de las serpientes y respiración de fuego. La mayoría, además, se encuentran cubiertos de escamas.

En Historia de Cuadrúpedos, Edward Topsell manifestaba: “Conservan la salud –como afirmaba Aristóteles– comiendo lechugas silvestres que les hacen vomitar cuando han tomado cualquier alimento nocivo. El peor de todos es la manzana, porque sus estómagos propenden a llenarse de aire. Por ello jamás comen de ese fruto sin ingerir primero lechugas silvestres”. Una teoría, por cierto, bastante inverosímil…

Anatomía de Dragones

Volviendo a su anatomía, estos animales fantásticos eran capaces de sufrir varias metamorfosis: resplandecer en la oscuridad o tornarse invisibles, y achicarse hasta adquirir una talla minúscula o agrandarse hasta cubrir el firmamento o la superficie terrestre. Se dice que descansaban en castillos de perlas o en el lecho del mar, y que el timbre de su voz podía ser melódico como el de una campana de cristal.

Su anatomía variable se asoció a las mutaciones constantes de las nubes en el cielo. Por ejemplo, los chinos estaban convencidos de que los Dioses Dragones se hacían visibles en los cambios morfológicos de los nimbos. Incluso Shakespeare mencionó en uno de sus textos dramáticos que las nubes solían adquirir la figura de un dragón (Sometimes we see a cloud that is dragonish).

Los “supuestos” dientes y huesos de Dragón, por otra parte, continúan siendo uno de los remedios más difundidos dentro de la Medicina Tradicional China, aunque se trate de una sustancia granulada derivada de hierbas o de restos de animales.