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Acerca del Caballero Cortesano
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Otro tópico caballeresco es el del héroe cortesano, que podemos entrever en el siguiente fragmento de la Alegoría del Monstruo Español,:

Al gran talibarín feroz persiano
el bravo Venusmarte lo tenía
de manera que el bárbaro inhumano
misericordia a vozes le pedía:
y al levantar el español la mano
a sus pies humillado se ofrecía,
el Monstruo lo conoce y da la mano
levantándole a fuer de cortesano.

Según Cesare Segre, esta fórmula llegó a ser proverbial en la literatura castellana del Siglo de Oro para indicar que el sentimiento caballeresco prevalecía sobre cualquier otro. Encontramos el precedente en un pasaje del Orlando furioso, luego de la batalla suspendida entre el español Renaldos y el moro Ferragut –en el Orlando innamorato de Boiardo, la misma caballerosa confianza permite a Agricán y a Orlando charlar amigablemente por la noche, a la espera de reanudar su combate al romper el alba–:

Oh gran bontà de´ cavallieri antiqui!
Eran rivali, eran di fé diversi,
e si sentian degli aspri colpi iniqui
per tutta la persona anco dolersi;
e pur per selve oscure e calli obliqui
insieme van senza sospetto aversi
da quattro sproni il destrier punto arriva

ove una strada in due si dipartiva.

 

Acerca del Caballero Cortesano
Acerca del Caballero Cortesano

Otro tópico caballeresco presente en la Alegoría es el torneo realizado en el transcurso de la tregua bélica. Los objetivos de este tipo de acontecimiento son la obtención de fama y de honor, la competencia en un certamen, la adquisición de bienes y el vínculo emblemático con las damas que presencian el evento. “Un torneo es un espectáculo abierto a la participación de una serie de personas que reúnen ciertas condiciones de sangre, de linaje y de autoridad en el espacio ciudadano. En el torneo se glorifica el linaje propio”

La Alegoría del monstruo español forma parte de un corpus restringido de libros de caballerías en verso que complementa las novelas del siglo XVI. Se escribió durante el primer tercio del siglo XVII y se ajusta al esquema imitado de los libros de caballerías, al tiempo que mantiene su independencia del resto de los poemas épicos renacentistas, siempre con una base real que se difumina. Nos encontramos ante el último representante de un género complejo y polimorfo que durante cinco siglos había ido adaptándose a las situaciones, gustos y modas de un público forzosamente cambiante.

Nuestra Alegoría –alegoría auténtica, como intentamos demostrar– es síntoma de la decadencia de un género y del ocaso de una sociedad, con sus valores asociados. En esta encrucijada radica su sentido. ¿Y qué decir de su formato? Que el defecto fundamental de nuestro poema radica en la construcción de un lector implícito supra-activo, cómplice, con una biblioteca amplia, que sea capaz de reponer información en las numerosas elipsis y lagunas de sentido, así como reconstruir el orden cronológico y discursivo de las historias entrelazadas apelando a su experiencia lectora y al conocimiento de fórmulas y motivos hartos reiterados dentro del género caballeresco y de la épica clásica. Estas permanentes apelaciones del texto, que reclaman la integración del lector, son fácilmente interpretables como defectos estructurales. Quedarían varios siglos por delante hasta llegar a la consumación voluntaria de una legítima obra abierta.