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Caballería Cristiana Y Paganismo
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Hasta la segunda mitad del siglo XVI se sucedieron sublevaciones mudéjares en Granada –con gran influencia en Murcia– de los paganos que se resistían a la conversión religiosa hasta el levantamiento morisco de las Alpujarras, que determinaría la expulsión definitiva de la península.

Las huestes murcianas habían sido fundamentales como milicia durante la Guerra de Granada iniciada por los Reyes Católicos, tanto para la conquista de Alhama como para la caída de la capital nazarí, en 1492. Como indicábamos anteriormente, esta triple condición de frontera que derivó en la constante militarización de la sociedad cristiana de Murcia, sumada a la conciencia de este papel histórico, pudo haber influido en la fuerza de las identificaciones alegóricas que Cunedo construye en su texto caballeresco.

Las últimas décadas del siglo XVI así como el siglo XVII significaron para Murcia un periodo de prosperidad, aunque en este contexto no faltaron conflictos, como las revueltas de los moriscos, siempre inquietos, hasta su expulsión en 1609, con la excepción de los del Valle de Ricote, donde continuaron hasta 1613. Otra de las complejidades del siglo XVII en Murcia fue la continuación de las disputas entre la vieja y la nueva nobleza y la oligarquía urbana. Tras el apoyo de Murcia a Felipe de Borbón, que reinaría con el nombre de Felipe V y premiaría su fidelidad, Murcia fue receptora de importantes ayudas que la hicieron superar ese cisma social.

Caballería Cristiana Y Paganismo
Caballería Cristiana Y Paganismo

La invasión de los paganos al territorio cristiano en Alegoría del Monstruo español –el origen del ataque era cobrar venganza por la muerte del hijo del sultán persa por motivos amorosos, pero la lucha trasciende al plano religioso– para el lector implícito culto es una clara anticipación del desenlace. Si los murcianos se identifican con los macedonios, los persas serán vencidos. No sólo como apología del cristianismo –elemento central de esta alegoría, que conecta con el desplazamiento de los moriscos granadinos y la incipiente limpieza pagana efectuada en el cercano territorio nazarí– sino porque inmediatamente asociamos el caso a las guerras médicas.
Además de su prestigio histórico como baluarte cristiano, la exaltación de Murcia por parte de Cunedo es una estrategia parecida a la que Eugenio Martínez efectuó en La toledana discreta con su patria, Toledo. En ambos poemas, estos autores cultos intentan construir una especie de “épica local”.

La españolidad de los poemas es evidente: desde los títulos, paratextos y epítetos épicos de los protagonistas se alude a la esencia hispana del contenido. Aunque los escenarios geográficos de las aventuras sean apenas descritos con vagas pinceladas, la grandeza de las tierras es ponderada de manera hiperbólica. Cunedo considera que Murcia es “la cabeza del reino futuro de España”. En el último argumento, el undécimo, leemos lo siguiente:

Murcia es esta ciudad aquí pintada
que seys reyes la ofrecen seis coronas
dexándola con ellas ilustrada
por averle rendido sus personas:
muy noble y muy leal será llamada
y tanto, que sus héroes y matronas
adquirirán gran fama y nōbre eterno
en las letras, en armas y gobierno.

Por mil edades vivirà famosa,
ilustrándola siempre la grandeza
de infinitas familias, que dichosa
la hará siempre, enlazando su nobleza.
Aquí Marte su escuela belicosa
ostentará admirada de braveza,
aquí Apolo y sus musas daràn fama
de heroicos hechos que publiquē pluma.

 Como indicábamos anteriormente, las referencias topográficas a Murcia son neutras, la vaguedad en la presentación de lugares es total, excepto por la referencia al río Segura. Además de la exaltación de la patria natal, se glorifica el apellido y el linaje del autor:

Dezir quiero de algunos patria y nombre
por ser famosos, y valientes hombres.

(...)

Cunedo el bravo de uno es apellido
de otro Brasindo, portugués nombrado
Ardisanio de Escocia, el que es temino
con su hermano primenio el esforçado

(...)

El bravo y sin igual Cunedo (...)

Volviendo a la reivindicación que Walter Benjamin hizo de la alegoría como portadora de una “filosofía del fragmento” capaz de conectar con la totalidad, en otras palabras, podríamos decir que la rescata por su proyección de lo autóctono hacia lo universal. Que no es otra cosa que el objetivo de Cunedo con “su” Murcia y su religión.