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Caballería y Hechos Heroicos
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En el argumento sexto de la Alegoría del Monstruo Español citada anteriormente, el autor apela nuevamente a la ayuda de las musas para recuperar el carril épico del relato, luego de tantas digresiones amorosas que le habían hecho perder el ovillo de la historia bélica por la excesiva introducción de aventuras intercaladas (de doncellas menesterosas, como veremos luego, además de las promesas de amor de Venusmarte con Veleidiana y Ferianisa, y de la confusión de ésta con la desdichada Libivonia).

El ensartado de historias desconectadas de la línea principal –técnica conocida como entrelazamiento– es un recurso típico de la saga artúrica y de la ariostesca. En el caso de la Alegoría del Monstruo español, la multiplicidad de aventuras bifurca tanto las historias que se hace difícil seguir el hilo del relato.

La linealidad se interrumpe permanentemente con la presencia de encantamientos, acontecimientos taumatúrgicos donde se mencionan seres fantásticos (gigantes, sierpes voladoras, dragones, grifos), magos y ordalías reservadas al héroe. El mismo Cunedo es consciente de que una obra rizomática en exceso dificultará la comprensión de los hechos principales que intenta transmitir:

Procura, ò musa mía, ya olvidarte
de ternezas, regalos y favores
retrocediendo a la primera parte
pues mi intento no es tratar de amores:
ya la azerada túnica de Marte
te viste, y variando los colores
canta proezas, y hechos militantes

con que a guerra los ánimos levantes.

 

Caballería y Hechos Heroicos
Caballería y Hechos Heroicos

En numerosas oportunidades, los inicios y finales de canto recuperan el planteamiento de Ariosto mediante comentarios de carácter didáctico-moral y apóstrofes varios, como el siguiente:
 
Mas la inconstante rueda de Fortuna
cansada del persiano victorioso
después de levantarle hasta la luna
su poder le mostró más riguroso:
ques quānd quiere adversa, è inoportuna
al miserable haziendo poderoso
abate a muchos del lugar más alto
porque den al caer mayor el salto.

Ahora analizaremos el elemento constructivo más insólito y desconcertante de nuestra Alegoría: el final inconcluso, valga el oximoron. Cunedo remata la historia con un final trunco, que deja a los guerreros Leoferoz y Venusmarte en medio del campo de batalla. A diferencia de lo que podría esperarse, no existe promesa de continuación del poema, ni por parte del propio Cunedo ni mediante la apelación al ingenio de otro escritor. En ningún momento se plantea la posibilidad de una segunda parte, aunque el mero hecho de terminar así es una invitación a ser continuada:

El persa adusto, y con obscuro ceño
quiere apagar las luzes españolas:
de tanta libertad en desempeño
el Monstruo intēta, cō sus fuerças solas
vencerle, y no le fue la suerte adversa
pues fuerte ofende al indomable persa

Tal vez la espada es daga, y tal vez pica
del español, y conclusión le ha hecho
con el mixto compàs que diestro aplica
y el braço asido se le arrima al pecho.
Rendimientos Leofèroz multiplica
a quiē el Mōstruo dize: Es fin provecho
que no te mato yo, si Damirante.
Turno, que soy Eneas, y él Palante.

Así termina el libro. La confirmación de que se trata efectivamente del final está garantizada por la rúbrica con la expresión laus Deo tras la última octava. Sabemos que Cunedo siguió escribiendo después de la Alegoría: en 1644, su Elogio de Felipe III fue publicado en el taller de Juan Fernández de Fuentes, también en Murcia.

El abandono de los contendientes en plena batalla ya lo había practicado Cervantes en la escena del combate que libran Don Quijote y el Vizcaíno, ofreciendo una elipsis temporal abierta a la reposición de los detalles de la pelea por parte del lector, al chocarse éste con la escena trunca en el momento de máxima tensión… ¿Podría entenderse la imitación de este procedimiento como un guiño de Cunedo a la obra cervantina? Es difícil arriesgar una hipótesis. La parodia que despliega Cervantes a lo largo del Quijote –por el carácter intrínseco de transgresión que la parodia conlleva– sí combina con esa ingeniosa interrupción del combate entre su héroe y el vizcaíno... Pero en el caso de Cunedo, el final imprevisible desentona con el carácter serio y solemne del resto del poema. Sin embargo, además del final abierto, hay otro posible guiño de Cunedo al Quijote o, en sentido más amplio, aparece en la Alegoría una señal de la decadencia del género caballeresco, que en el Quijote había sido canalizada a través de la ridiculización, y es cuando la princesa Ferianisa, vestida de caballero, es retratada por Cunedo como “la griega infanta con su arnès mohoso”.

De todas maneras, el lector implícito que construye nuestro autor es un receptor culto, por eso la supresión argumental que supone la elipsis puede ser recuperada sin inconvenientes: el persa es vencido por el español porque éste hereda los atributos guerreros de los griegos, y porque actualiza la destrucción del imperio persa por las huestes de Alejandro Magno, en función de la alegoría ya explicada.

Vizcaíno, ofreciendo una elipsis temporal abierta a la reposición de los detalles de la pelea por parte del lector, al chocarse éste con la escena trunca en el momento de máxima tensión… ¿Podría entenderse la imitación de este procedimiento como un guiño de Cunedo a la obra cervantina? Es difícil arriesgar una hipótesis. La parodia que despliega Cervantes a lo largo del Quijote –por el carácter intrínseco de transgresión que la parodia conlleva– sí combina con esa ingeniosa interrupción del combate entre su héroe y el vizcaíno... Pero en el caso de Cunedo, el final imprevisible desentona con el carácter serio y solemne del resto del poema. Sin embargo, además del final abierto, hay otro posible guiño de Cunedo al Quijote o, en sentido más amplio, aparece en la Alegoría una señal de la decadencia del género caballeresco, que en el Quijote había sido canalizada a través de la ridiculización, y es cuando la princesa Ferianisa, vestida de caballero, es retratada por Cunedo como “la griega infanta con su arnès mohoso”.

De todas maneras, el lector implícito que construye nuestro autor es un receptor culto, por eso la supresión argumental que supone la elipsis puede ser recuperada sin inconvenientes: el persa es vencido por el español porque éste hereda los atributos guerreros de los griegos, y porque actualiza la destrucción del imperio persa por las huestes de Alejandro Magno, en función de la alegoría ya explicada.