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Un ejemplo de Caballería Literaria
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Formato, sentido y valor en alegoría del monstruo español (1627).

Ítalo Calvino afirmaba que los libros clásicos ejercen su influencia cuando se imponen por inolvidables o cuando se esconden en los pliegues de la memoria, mimetizándose con las formas del inconsciente colectivo o individual.

Pero también existe la contracara de los clásicos: aquellos textos desnudos de magnetismo que apenas si ascienden a la categoría de título de catálogo. Porque defraudan el horizonte de expectativas y la experiencia de la recepción, por defectos de estilo u otros vicios estéticos, por anacronismos genéricos o fisuras en los circuitos de circulación y difusión, entre otros tantos factores que no concierne analizar aquí.

Alegoría del Monstruo español, poema caballeresco escrito por el murciano Miguel González de Cunedo en 1627, es de estos últimos desafortunados: texto anti-canónico, acusado de anómalo e impredecible, clasificable dentro de un subgénero obsoleto para el momento contemporáneo de escritura, palimpsesto imitativo de fórmulas caballerescas sin destello de luz propia.

Un ejemplo de Caballería Literaria
Un ejemplo de Caballería Literaria

Efectuar una operación de rescate de este ejemplar silenciado y descartado por la historia de la lectura no es tarea fácil ni, tal vez, posible. La memoria es intrínsecamente conservadora: para erigir su edificio necesita desechar. Así se modela una tradición. Así se fabrica un canon cultural.

Retomando la idea de nuestro epígrafe, la memoria es ágil para retener un formato pero no siempre para atribuirle un sentido... A estas dos categorías de análisis –formato y sentido– proponemos sumar otra: la de valor. La obra de arte sería un interjuego de estos tres componentes.

El alcance del concepto de valor lo restringiremos a la décima acepción indicada en la vigésima segunda edición del Diccionario de la Lengua Española (RAE, 2001): el valor es la cualidad que poseen algunas realidades, consideradas bienes, por lo cual son estimables. Los valores tienen polaridad en cuanto son positivos o negativos, y jerarquía en cuando son superiores o inferiores.

Trasladando esta noción al campo literario, nos referiremos al “valor estético” de un texto inserto dentro de un circuito de comunicación, aquél que merece un juicio positivo o negativo. Para estudiar el poema de Cunedo proponemos suspender el análisis de su valor y, en cambio, circunscribirnos al estudio de su formato y de su sentido. Generalizar su valor –perfil mucho más inasible e inaccesible, derivado del acto solipsista y privado de lectura– equivaldría a sentenciar un “criterio de placer” masivo y unívoco.

Aunque parezca una actitud relativista o carente de voluntad científica –sería lícito aducir que las estadísticas de imprenta y circulación de libros son un parámetro fiable para medir el gusto–, para no caer en ilusiones metodológicas preferimos conceder ese privilegio a los usuarios reales: los lectores.