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El Cid Histórico
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El Cid constituye el arquetipo del buen caballero y del buen padre: existe una armonía y continuidad entre la familia y la patria; y tal aspecto de la obra puede ser considerado como una metáfora.

El contexto de las hazañas del Cid es el de la reconquista de los territorios de la actual España de manos de los moros, que la ocuparon, en su mayor parte, durante siglos.

El “verdadero” Rodrigo Díaz de Vivar, llamado el Cid Campeador, fue un guerrero castellano que nació en Vivar, Burgos, cerca del año 1043, y murió en Valencia en 1099.

Muy joven entró en la corte de Fernando I, rey de Castilla y Aragón, y llegó a ser con posterioridad capitán (alférez) de la guardia real de Sancho II, que combatió contra sus hermanos García de Galicia y Alfonso VI de León. Participó también en el conocido cerco de Zamora, donde el monarca fue asesinado en circunstancias que los historiadores no han logrado aclarar.

El Cid Histórico
El Cid Histórico

Por eso, Rodrigo Díaz fue encargado de tomar el juramento de Alfonso VI de que no había matado a su hermano, como requisito para que lo sucediera en el trono.

Bajo las órdenes de Alfonso, Díaz de Vivar realizó diversas excursiones militares; en el cumplimiento de algunas de ellas, en particular contra los árabes en Toledo, el Cid y sus hombres pelearon bajo el mando del reyezuelo musulmán que ocupaba Zaragoza.

Después de la grave derrota sufrida en Sagradas, el rey debió levantarle el destierro al Cid. La reconciliación duró poco y, esta vez, el Cid decidió actuar por su cuenta y, luego de derrotar en el pinar de Tévar (1090) al conde barcelonés Berenguer Ramón II, se asentó con su ejército primero en Lérida y, más tarde, en Valencia.

El ejército almorávide (tribu sahariana que, desde el Magreb africano, extendió su dominio hacia el territorio español) deseaba aquella región; pero fue repetidas veces derrotado por el Cid, incluso cuando contaron con el apoyo de Pedro I de Aragón.

Finalmente, el Campeador casó a su hija Cristina con el infante Ramón de Navarra, y a su hija María con el conde de Barcelona Ramón Berenguer III.

El Cid murió en 1099, el mismo año que los cruzados tomaron Jerusalén. Durante los tres años siguientes, su esposa Jimena logró resistir el asedio de los almorávides.

Hacia el año 1102 el rey Alfonso fue en su ayuda pero, dada la situación, decidió evacuar la ciudad de Valencia: llevaba consigo los restos del Cid que recibieron sepultura en el monasterio de Cardeña (Burgos).

Entonces, Valencia fue el muro de contención frente a la embestida árabe que permitió que la región peninsular del Este resistiera fuera de su poderío. ¨

Bibliografía consultada:

Héroes medievales: El Cid, Arturo, Los Nibelungos. Relatos anónimos en versiones de Ruth Kaufman y Franco Vaccarini. Contenidos elaborados por Jorge Warley. Editorial Puerto de Palos, Buenos Aires, 2005.