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El Honor y el Amor del Caballero
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El término “romántico” proviene de “roman” y hace referencia al amor como tema principal, que es otra novedad medieval. Es cierto que la pasión amorosa podía estar presente en la épica y en la tragedia, pero en estas no es el protagonista masculino quien las siente.

En la época de las Cruzadas, en cambio, la vida era muy distinta. Las aventuras no representaban la realidad de su época, sino una evasión al mundo de la fábula.

Los trovadores provenzales se inspiraron en el poeta latino Ovidio y crearon un refinamiento sentimental al que llamaron “fine amor”. Sus rasgos principales son: humildad, cortesía, adulterio y religión de amor.

Así, el amante debe humillarse ante su amada (es su “señora”) rindiéndole vasallaje, como si se tratase de un señor feudal. En la saga artúrica, esto se observa cuando Lancelot acude al rescate de Ginebra, que ha sido raptada por Sir Meliagunt y, habiendo muerto su caballo, sube a una carreta para llegar a destino.

El Honor y el Amor del Caballero
El Honor y el Amor del Caballero

A su vez, el refinamiento de las maneras cortesanas contrasta con la rudeza de los villanos. El galanteo se pone de moda y los caballeros compiten en alcanzar la perfección de este arte.

En el cortejar o hacer la corte, la amada tiene derecho a fingir desdén para probar la fidelidad de su galán, y hasta puede ponerle obstáculos. Lancelot no pierde ocasión de socorrer a las mujeres y siempre las trata amable y generosamente.

Pero en la sociedad feudal, el matrimonio era utilitario, y la mujer estaba obligada por el deber a cumplir con todos los deseos de su marido. Por eso, allí no tiene cabida el amor.

En cambio, fuera del matrimonio, los amantes se conceden cualquier cosa recíproca y gratuitamente, sin ninguna obligación. Así, si el marido gozaba de la posesión física de su mujer, en la ficción poética, ella era libre de conceder sus amores a quien quisiera. Este rasgo también se manifiesta en el amor entre Lancelot y Ginebra.

En la saga artúrica, la Tabla Redonda es un centro de reunión, confluencia de incitaciones a la aventura y lugar de relatos maravillosos. A la sesión plenaria de la corte, en la fiesta de Pentecostés, el caballero envía a todos sus vencidos para que presten homenaje al rey e informen de sus proezas.

Así lo hace Lancelot, quien manda muchos prisioneros que deben encomendarse a la reina Ginebra: a todos ellos los que ha derrotado. Su sentido del honor se manifiesta cuando salta por la ventana para auxiliar a Sir Kay, al ver que es perseguido por tres caballeros. Pero los protagonistas son siempre nobles; si un villano osa oponerse al caballero, en el relato se lo llama “sucio patán”.

Bibliografía consultada:

  • Literatura 2, Editorial Puerto de Palos, Buenos Aires, 2001.
Héroes medievales: El Cid, Arturo, Los Nibelungos. Relatos anónimos en versiones de Ruth Kaufman y Franco Vaccarini. Contenidos elaborados por Jorge Warley. Editorial Puerto de Palos, Buenos Aires, 2005.