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El Tiempo Legendario de la Épica
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Obras como la Ilíada y la Odisea no eran simples textos “literarios”, en el sentido en que hoy entendemos tal adjetivo en relación con meros productos de la imaginación que entretienen y producen placer estético.

Ambas obras se utilizaban para la formación educativa de los jóvenes, para el conocimiento de la propia lengua, la historia y la geografía, la religión, y hasta para enseñar cuáles eran las armas que utilizaba un guerrero o cómo se orientaban aquellos que se hacían a la mar en pesados barcos.

Tal naturaleza pedagógica, decisiva en la formación de los niños y jóvenes, así como la dimensión sagrada y trascendente de los textos no permitían que los aedas contaran las hazañas pasadas “según sus propias palabras”: debían esforzarse por mantener sin modificaciones la versión original que ellos habían recibido, tarea para la cual debían perfeccionarse en sus aptitudes memorísticas.       

El Tiempo Legendario de la Épica
El Tiempo Legendario de la Épica

Entre las principales características del relato épico, debe consignarse la ubicación temporal de los hechos narrados. Se trata de un pasado remoto, un tiempo legendario que coincide con el momento mismo del nacimiento de los valores que constituyen una cierta nacionalidad.

Las naciones modernas son el producto de un conjunto de transformaciones económicas, sociales, políticas y culturales que se vivieron inicialmente en el continente europeo a través de la Edad Media y la época moderna; muchos de los datos centrales que caracterizan a estas transformaciones se encuentran en la épica medieval.

Por ejemplo, la delimitación territorial y la necesidad de recortar un conjunto específico de tradiciones lingüísticas, artísticas y culturales que posibiliten la creación de una identidad común (nacional) que reúna con lazos vigorosos a los habitantes de una determinada geografía.

En ese sentido, los héroes que la épica medieval enaltece –como puede verse de manera ejemplar en el caso del Cid para España– son verdaderos caballeros fundadores del espíritu nacional o padres de la patria, en el sentido que los “próceres” ocupan en el origen histórico de toda nación.

Bibliografía consultada:

Héroes medievales: El Cid, Arturo, Los Nibelungos. Relatos anónimos en versiones de Ruth Kaufman y Franco Vaccarini. Contenidos elaborados por Jorge Warley. Editorial Puerto de Palos, Buenos Aires, 2005.