Luchando Con El Dragón La Espada Y El Escudo Caballero Malvado Caballero Vs Lobo El Caballero Negro Caballero Al Ataque Caballo Primer Plano La Mujer Blanca El Caballero El Caballo Y Su Cuerno El Gigante La Capa Larga A La Carga Magia Caballero Gigante En El Campo Caballero Avanzando Caballero Saludando Capa Azul La Espada Del Caballero

La Doncella Guerrera dentro de la Caballería
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Otro de los tópicos del género caballeresco es el motivo de la dama o doncella menesterosa que recorre el mundo buscando al caballero que la ayude a liberarse de un aprieto (parodiado en la figura cervantina de la Condesa Trifaldi). En la Alegoría del Monstruo Español, Velediana y Risarda son dos damas que solicitan ayuda a Venusmarte para rescatar prisioneros o cumplir diferentes pruebas de virtud.

Sin embargo, también tenemos la contracara de la dama débil: Ferianisa encarna una auténtica virgo bellatrix, una doncella guerrera, variación de la figura de las míticas amazonas de la tradición clásica. Este tema estaba presente en el Libro de Silence, de Heldris de Cornualles –un relato de reminiscencias artúricas de finales del siglo XIII– que pasa tempranamente a los libros de caballerías del siglo XVI y se encuentra ya en el Platir, publicado en 1533.

El motivo de la virgo bellatrix desarrolla la historia de una mujer que, por distintas circunstancias, viste los hábitos de caballero, encubre su propio sexo y practica accidentalmente la caballería. En este sentido, se opone a la naturaleza de la amazona, también arquetipo de la dama belicosa pero guerrera por educación, además de ser marcadamente andrófoba.

La Doncella Guerrera dentro de la Caballería
La Doncella Guerrera dentro de la Caballería

Ferianisa guardia similitudes con Claridiana, la dama del Espejo de príncipes y cavalleros –novela de Ortúñez de Calahorra– cuando ésta se enfrenta al Caballero del Febo para probarse con él. Este travestismo genera confusiones, como el enamoramiento que siente otra mujer por la doncella disfrazada.

La virgo bellatrix provoca en el lector la sorpresa de lo inesperado, y cabe pensar que este motivo “supondría un aliciente para las propias mujeres, grandes lectoras de este tipo de libros, que sentirían la identificación de sus aspiraciones o de sus sueños con la libertad que representaban estas doncellas guerreras”. El tópico se evidencia en los siguientes pasajes:

Prosigue la batalla peligrosa,
suceden casos dignos de memoria;
vence a un jayán la griega valerosa,
lleva socorro al campo con gran gloria,
hiere al de España flecha valerosa,
dale salud su abuela, y la victoria
alcançan españoles capitanes
con muerte del persiano y sus soldanes.

(...)

Veè en esto Venusmarte en el camino
sobre un cavallo blanco un cavallero
en su apariencia y talle peregrino
Si bien las armas de mohoso azero

(...)

Libre ya nuestra griega del confuso
Tropel (llevando oculta su belleza)

(...)

Ferianisa embistiò con el gigante
a este tiempo, y las lanças se rompierōn,
si bien los golpes della en un instante
bastantes à tenderlo en tierra fueron:
otro quiso oponérsele delante,
y aunque fuertes los golpes q(ue) se dieron
como el persa, murió en breve espacio

(...)

Encuéntrase la fuerte Ferianisa
con el feroz jayán Pyladarfeo
y la lança le enristra de tal guisa
que alcançò cumplimiento a su deseo:
pues faltando el arnès, a toda prisa
en tierra dio aquel bárbaro trofeo
quedādo su arrogāncia, y fuerça en calma
partió a bañarle en Flegetonte el alma.

Este condimento resultaría interesante, como indicamos anteriormente, por ser la ficción caballeresca la más leída por las mujeres del siglo XVI y XVII. La relación con el biblioclasmo y la demonización de las novelas de caballerías es evidente: “Una buena porción de las condenas de la lectura de los libros de caballerías se hace en virtud del hecho de ser leídos por mujeres, casadas y doncellas, y eso tanto en España como en otros países (...) No era sólo una construcción patriarcal: las habilidades de la mujer como reproductora de narraciones orales de toda índole, de lo que es buen testimonio el propio Boccaccio y los narradores del siglo XVI que enmarcan sus cuentos en tertulias femeninas, tiene su correlato nada sorprendente en su predisposición no sólo por narrar, sino también por las lecturas de ficción, empezando por la caballeresca”.

De alguna manera, la literatura caballeresca fue un espacio liberado para la acción femenina: para la lectura pública, la narración privada o para obtener el permiso de asumir –como en el caso de Ferianisa– un rol social prohibido más allá de las fronteras de la ficción.