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La Nobleza en las Fábulas Caballerescas
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En el argumento quinto de la mencionada Alegoría del Monstruo Español, Venusmarte escucha de boca de Pritilio la verdad de su ascendencia: Alcides, enamorado de Segura (una ninfa del río murciano) tras muchos inconvenientes mantiene relaciones íntimas con ella y, juntos, engendran a Alcisegur, el padre de Venusmarte quien resulta ser el bisnieto de Zeus (Júpiter, en la obra).
Sin embargo, de acuerdo con Rodríguez-Velasco, para que exista la nobleza no es sólo preciso pertenecer a un linaje sino renovarlo constantemente (generacionalmente, sobre todo) mediante un acto de virtud que, en la mayor parte de los casos, es un acto caballeresco. La fábula caballeresca demuestra que el héroe, aun desposeído de nobleza (por ejemplo, los casos de Lancelot, Perceval, Zifar, Amadís) puede constituirse en noble, aunque al final se termine demostrando que esta “perfección” pertenecía a su sangre, que era genético.
La nobleza con linaje pero sin heroicidad es inservible, como sostiene Dante Alighieri en su De Monarchia. Cabe mencionar que en Venusmarte convergen la sangre real, noble y divina, siempre confirmada por actos virtuosos, aunque de su procedencia divina se entera promediando su “expedición” de aventuras andantes:

Pritilio cuenta la amorosa historia
de Alçisegur, y de Risarda hermosa,
trayendo al español a la memoria
su noble estirpe, antigua y generosa:
la fundación de Murcia, y la vitoria
pronostica en la guerra peligrosa
llora Velediana enamorada

y el príncipe prosigue su jornada.

La Nobleza en las Fábulas Caballerescas
La Nobleza en las Fábulas Caballerescas

Entre los topoi del género encontramos los combates bélicos y los temas amorosos, los ritos de investidura, las treguas, justas y torneos. En relación a la guerra de persas y murcianos, nótese en los siguientes pasajes que –excepto por la ya indicada referencia autóctona al río Segura y alguna novedad léxica o retórica– sólo se desarrollan motivos e ideas ya presentes en el formato épico clásico, harto conocido y tradicional:

Unos en la campaña peleavan,
otros al fuerte muro se oponían
con embreados leños que llevavan
las pelas de Segura se cubrían:
como el caso las ninfas contemplavan
a sus alvergues cóncabos huían
que a las flegibles cañas por sus combas
cenizas buelven las ardientes bombas.

(...)

A esta parte acudieron mil persianos
adonde los más fuertes se han juntado,
pero los valentíssimos murcianos
embisten con valor por aquel lado:
golpes se dan furiosos, y inhumanos
confuso el esquadrón que se ha mezclado
con horrible tropel, furor y estruendo
que es otro caos de confusión tremēdo.

Llegado avía ya el farol del cielo
al zenit, y mitad de su camino
mirando la agonía y desconsuelo (...)

Volviendo al patrimonio tradicional del que se alimenta nuestra Alegoría, existen aspectos estructurales, rasgos constructivos que la emparientan con los poemas italianos del canon de Ferrara, representados fundamentalmente por el Orlando Innamorato de Boiardo y el Orlando Furioso de Ariosto.

En primer lugar, por la recuperación del ritual introductorio, cuyos orígenes a su vez se remontan a Virgilio. Éste se desarrolla en tres etapas: la prótasis o planteamiento argumental, la invocación a las musas y la dedicatoria al mecenas. Estos tres formantes, con variantes más o menos significativas, se encuentran en la gran mayoría de los poemas épicos del Renacimiento: son rasgos comunes entre la épica clásica y la épica italiana que, desde Ferrara, se expandirá luego por España.

El arranque o prótasis de nuestra Alegoría ya fue indicada (Las armas canto, ardides y bravezas / De aquel varón de príncipes espejo / Tan monstruoso de bélicas proezas...) Recordemos la prótasis del Orlando Furioso, donde se unen el canto de las armas y el de los amores:

Le donne, i cavallier, l´arme, gli amore,
le cortesie, l´audaci imprese io canto,
che furo al tempo che passaro i Mori
d´Africa il mare, e in Francia nocquer tanto,
seguendo l´ire e i giovenil furori
d´Agramante lor re, che si diè vanto
di vindicar la morte di Troiano
sopra re Carlo imperator romano.

La siguiente etapa del ritual es la invocación a las musas y la apelación a la patria, que aparece personificada en nuestra Alegoría:

Deidad del gran Segura, aquí atrevido
esto que adquiero, quiero declararte,
pues por ti gozo, gozo tan cumplido
que el desseo me sobra, obra y arte:
de ingrata, grata, que te muestres pido
si acaso valgo algo en invocarte
y en tu museo aseo y casto coro
reparo, paro y tu favor imploro.

Patria mía invencible, oyd un poco,
si acaso digno soy de merecerlo
pues veys q(ue) sólo vuestro auxilio invoco
y que mi perdición està en perderlo:
dél, la materia es digna que aquí toco,
como noble y leal avéys de hazerlo
prestad fuerças (ò ilustre ayuntamiēto)

al son confuso de mi tardo acento.