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Motivos Históricos y Literarios de la Caballería Medieval
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El desprestigio de un género.

El desprestigio del género caballeresco se debió no sólo al agotamiento de un paradigma estético sino a la pérdida de vigencia de un correlato político y económico acorde con la cosmovisión épico-cortesana y con los “intereses de clase” (esto último, adoptando el enfoque materialista de José Antonio Maravall).

La censura fue también una importante estrategia de difamación del género: “La cuestión de la censura de los libros caballerescos en razón de sus malos resultados estéticos y morales alcanza espaldarazo internacional gracias a la atención que Antonio Possevino le dedicara en la Bibliotheca selecta, en la que confluyen las opiniones emanadas de una larga experiencia educativa y de aplicación de la ratio studiorum (...) se apuntan las líneas básicas de futuro que tendrá en cuenta la Compañía. Lo ahora aplicado crea un tipo de bibliografía contrarreformista apologética en la que se traza una historia cultural selectiva y excluyente.”

Pero el desprestigio del que goza también en la actualidad es un efecto residual de tiempos pasados, que lo mantiene desplazado del canon vigente. Así lo creen Daniel Eisenberg y Carmen Marín Pina en su reciente relevamiento bibliográfico de los libros de caballerías: “Aunque se ha avanzado en la recuperación del género, resta mucho por hacer. Los libros de caballerías no se han librado todavía de la condena de Cervantes, y sólo unos pocos han podido reeditarse (...) Y si todos estos factores no fueran suficientes para entorpecer su conocimiento, los propios libros de caballerías suscitan también múltiples equívocos y confusiones bibliográficas. Fingen ser obras históricas, traducidas de otras lenguas al castellano. Consta que estos engaños, encontrados en prólogos, dedicatorias o notas de los ficticios traductores, confundieron a lectores contemporáneos”.

Motivos Históricos y Literarios de la Caballería Medieval
Motivos Históricos y Literarios de la Caballería Medieval

Existe un camino de ida y vuelta entre nobleza e historiografía: corpus y cuerpo se incardinan. La caballería perdió significación histórica y esto se tradujo en el agotamiento de las fórmulas de un género que se resistió a desaparecer (la Alegoría del Monstruo Español, de Cunedo,es un caso representativo de esta afirmación).

Maravall explica esta coyuntura histórica de la siguiente manera: “La época del Renacimiento fue capaz de tomar una actitud de confianza en la capacidad humana para reformar una realidad (...) Pero si la intervención del hombre puede sanar, también puede empeorar una situación. La desacertada manipulación de los hombres en el gobierno puede errar y entorpecer el restablecimiento de una crisis; puede incluso provocarla. Y la forma en que se da la conciencia de crisis en el siglo XVII, tanto en el terreno económico como en el social, si puede esperar o reconocer en los gobernantes capacidad para superarlas, puede también atribuirles los tristes resultados de un empeoramiento que lleve al punto de la caída.

Un escrito anónimo dirigido a Felipe IV, hacia 1621, inspirado o escrito por Cellorigo probablemente, recoge este estado de ánimo en todos sus aspectos: El descuido de los que gobiernan es sin duda artífice de la desventura y puerta por donde entran todos los males y daños en una república, y ninguna, pienso, la padece mayor que la nuestra por vivir sin recelo ni temor alguno de ruin suceso, fiados en una desordenada confianza”. La crisis de la sociedad del siglo XVII, de la mano de la crisis económica, dio lugar a la conflictiva cultura del Barroco, surgida de las circunstancias críticas en las que se desarrollaban los pueblos europeos.

Años atrás, la utilidad práctica de esa construcción tan idealizada como fue la del “caballero” era una certeza historiográfica. Monarcas como Felipe II tuvieron interés por recuperar la caballería villana y restablecer sus sistemas de representación. Fleckenstein sostiene que hubo una evolución y multiplicidad convergente de caballerías: la militar, la cristiana, la villana, la cortesana; esta clase nació en las cortes reales y principescas que, en vez de combates, reclamaba juegos, competiciones y un comportamiento educado. De esta manera “la caballería sumió el liderazgo cultural del mundo cristiano, además del militar, ejercido hasta entonces”. Porque a partir de los lazos de vasallaje se habían fusionado las concepciones de vasallus, caballarius (guerrero a caballo) y miles (soldado).

Lejos del apogeo de esa realidad estamental y social, Maravall identifica modificaciones sustanciales en la sociedad del siglo XVII: se desprestigian valores como el honor, el amor comunitario y la fidelidad vasallástica, se cuestionan los procesos de integración de individuos marginales (el pobre, el desprovisto de linaje, los asalariados, criados, personas que trabajan en el mercado, elementos rurales desplazados a la ciudad), se consolida la formación de ciertos grupos sociales nuevos o resultantes de modificaciones de grupos anteriores (extranjeros, mercaderes, labradores ricos, oficiales de ciudad).

Se presenta el “espectacular y problemático desajuste de una sociedad en cuyo interior se han desarrollado fuerzas que la impulsan a cambiar y pugnan con otras más poderosas cuyo objetivo es la conservación”. Pero, por sobre todas las cosas, se evidencian enormes cambios en la estructura estamental: “se fue elaborando una situación en la que lo esencial no era la distinción entre nobles y plebeyos, sino entre propietarios y jornaleros”.

Como decíamos antes, parafraseando a Derrida: corpus y cuerpo están esencialmente imbricados. También Wolfgang Iser entendía que ficción y realidad no son entidades antitéticas porque la primera siempre nos comunica cosas sobre la segunda. Si sólo nos ocupamos del valor estético y no del sentido histórico que acarrea todo hecho literario, le negamos la riqueza documental y antropológica que éste ofrece para el conocimiento del pasado, del lugar que el arte ocupa como mecanismo de representación de la sociedad de una época y del uso innovador que cada lector puede otorgarle al contacto con su nuevo horizonte existencial.

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