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Los Rasgos de un cantar Caballeresco Tardío
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Del valor estético al lector implícito.              

Suspendido el juicio acerca del valor del poema Alegoría del monstruo español (1627), para analizar su sentido proponemos rastrear el “lector implícito” (implizite Leser) que construye la obra. Según los teóricos de la Escuela de Constanza, la interpretación es una instancia necesaria en toda experiencia estética. El lector goza del mismo protagonismo que reclamaba Umberto Eco en Obra abierta (1962).

La presencia de la historia se impone entre la literatura y su estudio: más que una “historia de las formas” es preciso hablar de una “historia de los efectos producidos”. En contra del enfoque estructuralista, la Teoría de la recepción considera utópico el abordar una obra de arte como si ésta fuera autónoma del contexto, mediante un análisis inmanente. El lector es siempre es activo, cómplice, resemantiza sus lecturas... Se trata de un “lector-macho”, apelando a la insólita caracterización de Julio Cortázar.

Los Rasgos de un cantar Caballeresco Tardío
Los Rasgos de un cantar Caballeresco Tardío

En su experiencia individual, el lector se apropia y aparta de la literatura del pasado, asimila y renueva la tradición, legitima la diferencia que revela el sentido del mundo a través de los ojos del otro según H. R. Jauss, citando a K. Stierle.

Jauss adopta la noción de “fusión de horizontes” de Gadamer, quien defiende el siguiente propósito de la hermeneútica: no hay que reconstruir el primer sentido del texto sino marcar el arco/intervalo temporal que se genera entre el horizonte de expectativa –el horizonte que condiciona al lector de acuerdo con la visión del autor y que, según el lector presume, ha dado forma y sentido a la obra– y el horizonte de experiencia del lector, quien  reinterpreta la obra en función de su propia actualidad. Así, las instancias de producción y de recepción quedan claramente diferenciadas. Y los sentidos atribuidos, también.

El concepto de lector implícito, acuñado por Wolfgang Iser, se relaciona con lo indicado en el párrafo precedente. Éste supone que el texto contiene en sí mismo la posibilidad de formación de un destinatario ideal. Y que los procesos de lectura derivan del “encuentro” entre el lector implícito reclamado por el texto y el lector empírico, real. Existen espacios vacíos (Leerstellen) o lugares de indeterminación que manifiestan la estructura de apelación del texto y que reclaman la integración del lector.

Como intentaremos demostrar en este trabajo, la proliferación de sobreentendidos, elipsis, aventuras intercaladas que interrumpen la progresión del hilo narrativo principal, los lugares tópicos del género y, especialmente, el final trunco de Alegoría del Monstruo español operan sobre la expectativa de un destinatario modélico, culto, conocedor de la épica clásica, de los topoi del género caballeresco y de sus motivos recurrentes.

La distancia –el arco– existente entre la expectativa de este lector implícito y la experiencia del lector real pudo haber condicionado la escasa aceptación del poema, cuyos cabos sueltos –tal vez intencionales– podrían haber sido interpretados como defectos estructurales.