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Saga Artúrica y Amor Cortés
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En 1155, el cronista anglonormando Robert Wace (1110-1175) tradujo al francés, en forma de verso, la obra de Godofredo de Monmouth y le dio como nombre Li romans de Brut (Romance de Brut).

En esta versión se incluyó, por primera vez, la célebre mesa redonda, diseñada con esa forma para que ninguno tuviera un sitio más jerárquico que el otro; en esta versión, además, comenzaron a acentuarse los asuntos del amor.

El escritor francés Chrétien de Troyes (1159-1190) tomó esos elementos para iniciar lo que se denomina el “ciclo artúrico”, es decir, un conjunto de narraciones derivadas de aquella principal en las que los caballeros compiten y corren diversas aventuras.

Saga Artúrica y Amor Cortés
Saga Artúrica y Amor Cortés

El principal caballero, Lancelot, se convertirá en amante de la reina Ginebra; como Romeo y Julieta o Tristán e Isolda, la unión de Lancelot y Ginebra se convirtió con el tiempo en un motivo romántico clásico.

En su origen, el romance constituye uno de los mejores ejemplos del llamado “amor cortés”, es decir: un tipo de acercamiento amoroso que imponía conductas fuertemente codificadas para el hombre y la mujer, que incluían la humillación, el renunciamiento y el sacrificio y que se veían recompensados con un amor que excede los límites humanos para alcanzar una dimensión divina o trascendente.

Sin embargo, es importante señalar también que no sólo el amor o el deseo de aventuras motivaron las hazañas de los caballeros de la tabla redonda.

Dentro de los múltiples relatos, hay un grupo conocido como el de la “búsqueda del Santo Grial” donde se cuenta cómo un grupo de caballeros, guiados por Percival, pero del que forman parte también Tristán y Lohengrin, parte a la búsqueda del cáliz sagrado de Cristo.

La Leyenda de Arturo ha dejado, más allá del propio rey, un conjunto de personajes memorables y bien definidos: el mago Merlín, la hechicera Morgana, la bellísima Ginebra, Lancelot, Gauvain... Todos ellos reunidos en las tierras de Camelot, el legendario castillo que albergó al rey Arturo y su corte.

La “materia de Bretaña”, que es el nombre con que se conoce ese conjunto de obras aparecidas en el siglo XII, sirvió de alimento artístico a numerosos autores de la Edad Media.

También existen versiones galesas del ciclo artúrico y, en España, a partir del siglo XIV, se tradujeron y adaptaron las novelas pertenecientes a esta tradición. ¨

Bibliografía consultada:

Héroes medievales: El Cid, Arturo, Los Nibelungos. Relatos anónimos en versiones de Ruth Kaufman y Franco Vaccarini. Contenidos elaborados por Jorge Warley. Editorial Puerto de Palos, Buenos Aires, 2005.