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El Escepticismo Científico
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Los escépticos afirman que, hasta el día de la fecha, no existe evidencia científica creíble de que determinados lugares se encuentren habitados por los espíritus de personas fallecidas.

Algunos investigadores -como el profesor Michael Persinger, de la Universidad Laurenciana de Canadá- han intentado demostrar que los cambios en los campos geomagnéticos influyen en la fabricación de tales ilusiones, casi oníricas.

Por ejemplo, la generación de tensiones tectónicas en la corteza o el impacto de la actividad solar en la Tierra podrían estimular los lóbulos temporales del cerebro y producir muchas de las experiencias asociadas a las apariciones fantasmales.

Esta teoría se ha probado de varias maneras. Algunos científicos han examinado la relación que existe entre la época del inicio de fenómenos inusuales en diferentes lugares del mundo, alegando el aumento de la actividad geomagnética global.

Otros han investigado si la localización de las supuestas apariciones espirituales está asociada a otros tipos de actividad magnética, física y energética.

El Escepticismo Científico
El Escepticismo Científico

Finalmente, un tercer enfoque ha implicado numerosos estudios de laboratorio en los cuales se estimula el lóbulo temporal utilizando campos magnéticos transcerebrales.

Tales experimentos evidencian que existen vivencias subjetivas fuertemente asociadas a estos fenómenos paralelos de apariciones fantasmales.

Pero estas pruebas son polémicas y han atraído una gran cantidad de debates y desacuerdos.

Los críticos de los “testigos de apariciones de fantasmas” sugieren que las limitaciones de la percepción humana sumadas a las explicaciones físicas puedan esclarecer la naturaleza de tales apariciones, que no son verdaderas.

Por ejemplo, la presión del aire, en un hogar, puede provocar que las puertas se cierren de golpe, o las luces de un coche que pasa por la carretera se reflejen a través de una ventana, por la noche, generando la ilusión de fantasmagorías.