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Juegos de Gladiadores
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Nicola di Damasco fue un historiador griego que vivió durante la edad de Augusto; en sus antiguas crónicas historiográficas nos cuenta que los juegos de gladiadores fueron “importados” a Roma desde Etruria.

Por otra parte, el nombre “lanista” –con el que los romanos llamaban al empresario que comerciaba con gladiadores– deriva de un vocablo etrusco, según San Isidoro de Sevilla.

De Tertuliano, que vivió en el siglo II después de Cristo, aprendemos que los gladiadores muertos durante los combates en la arena eran arrastrados por personas enmascaradas a imagen de Caronte, que siempre iban armados con un martillo (popular atributo del demonio Charun, entre los etruscos).

La figura del gladiador nació del sanguinario fanatismo del pueblo romano, por este motivo fueron considerados auténticos héroes nacionales.

Juegos de Gladiadores
Juegos de Gladiadores

Los gladiadores no eran propiamente legionarios, pero sí guerreros importantes durante la conquista imperialista; luego entraron en sus filas numerosos criminales y hombres libres buscados por la Justicia.

El primer espectáculo con gladiadores se desarrolló probablemenre en el año 264 antes de Cristo. Hacia el 105 también a.C. los juegos se volvieron divertimentos públicos y se celebraron en el Foro del César.

Más tarde, con el advenimiento de la dinastía Flavia –iniciada por el emperador Flavio Vespasiano– se inició la construcción del más grande y famoso anfiteatro del mundo, el Coliseo (il Colosseo).

Ya en el siglo IV, el emperador Constantino I, después de haber abrazado la fe cristiana, prohibió estos espectáculos. De todas formas, su popularidad continuó creciendo y los juegos con gladiadores se siguieron desarrollando, a pesar de las reiteradas prohibiciones.

Fue en las ciudades alejadas del emperador y de su corte (sita en Roma) donde los últimos espectáculos de gladiadores se celebraron, hasta los primeros años del medievo.

Los combatientes podían ser verdaderos profesionales, así como guerreros inexpertos o seres marginales (criminales, galeotes, prisioneros de guerra, cristianos, etc.) o incluso hombres libres sin distinción de raza ni de sexo; cabe destacar que los combatientes femeninos eran extremadamente raros pero sí existieron.