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Panorama Histórico de la “Gladiatura”
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Hacia el año 105 antes de Cristo, la gladiatura se practicaba como parte de los juegos públicos romanos organizados por Gaio Mario, general y político romano que fue siete veces cónsul de la República Romana.

Estos combates, ciertamente mortales, estaban muy bien reglamentados y no se parecían en nada a la mayoría de las “caricaturas” presentadas en muchos films de Hollywood, a excepción de algunas buenas versiones como la pluri-laureada Gladiador, del director Ridley Scott.

Todos los ministros romanos se cuestionaron acerca de los intereses, valores y legitimidad de tal espectáculo deportivo. La gladiatura necesitaba, en efecto, el reconocimiento y los derechos legales de la ciudadanía romana, porque para muchos era una especie de “herejía”.

El ganador del juego tenía derecho a portar la candela de la gloria. Además, la fortuna adquirida tras la batalla en la arena era verdaderamente considerable.

Panorama Histórico de la “Gladiatura”
Panorama Histórico de la “Gladiatura”

Es preciso distinguir los combates de gladiadores de los espectáculos que involucraban la presencia de animales salvajes.

Los historiadores han estudiado la gladiatura romana desde una nueva óptica: desde un perfil menos deportivo, acentuando las divergencias con la historiografía clásica que se veía influenciada por la fe cristiana, muy hostil a esta práctica.

Los griegos adoptaron también los deportes marciales, pero es necesario destacar que la gladiatura no se practicaba en todo el Imperio Romano: en Egipto o en Medio Oriente, por ejemplo, se practicaban las carreras en carro, que era el deporte principal de la Antigüedad.

La tragedia di Fidènes –una ciudad situada cinco kilómetros al norte de Roma– signó profundamente el espíritu de los romanos. Allí se había construido un anfiteatro, a cargo de cierto arquitecto llamado Atilius, de origen francés, para poder disfrutar de los espectáculos de gladiadores.

Sin embargo, el magno edificio se derrumbó durante uno de los juegos... El historiador Tácito reseñó esta catástrofe en sus Anales, mencionando la cifra de 50.000 muertos y heridos. 

Como consecuencia de esta tragedia, la legislación acerca de la organización de los espectáculos deportivos estuvo sumamente reglamentada en todo el Imperio.

A diferencia del reinado de Tiberio, el emperador romano Calígula (que gobernó entre los años 37 y 41) multiplicó el número de carreras de carro y demás pruebas deportivas en Roma.

De todas maneras, se siguió privilegiando la gladiatura como la gran figura del deporte romano, respecto del box y de las carreras de carros.