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Hombres-Lobo, luchadores contra el Diablo
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El libro El hombre lobo, escrito por Montague Summers en Nueva York, en 1934, está basado en un antiguo folleto negro impreso en Londres, en 1590. Se sabe que sólo dos copias de este texto han trascendido públicamente: uno está en el Museo Británico y el otro en la Biblioteca de Lambeth.

Además del caso mencionado en la nota anterior, el de Peter Stub (también conocido como Stubbe, Stube, Stump o Stumpf), uno de los más extraños incidentes que involucran la presencia de hombres lobo fue conocido como “Benandanti” (un término traducido como “buenos caminantes”, en el norte de Italia).

En este caso, los hombres lobos eran personas que dejaban sus cuerpos y asumían la forma de lobos. Después de volverse lobos descendían al mundo terrenal para luchar contra las brujas.

Este caso fue evaluado en el año 1692 en Jurgenburg, Livonia, situado en un área al este del Mar Báltico, que está empapada del folklore sobre los hombres lobo. Implicó a un hombre de ochenta años llamado Thiess.

Hombres-Lobo, luchadores contra el Diablo
Hombres-Lobo, luchadores contra el Diablo

Éste confesó ser un hombre lobo, dijo que su nariz había sido quebrada por Skeistan, una bruja muerta.

Según el testimonio de Thiess, Skeistan y otras brujas trataban de evitar el crecimiento de muchas áreas de cosecha porque su propósito era llevar todos esos granos al Infierno.

Para apuntalar el desarrollo de la actividad agrícola, Thiess y una manada de hombres-lobo descendió al Infierno para luchar contra las brujas y recuperar los granos. La guerra entre hombres-lobo y brujas tuvo lugar tres noches en el año: Santa Lucía, Pentecostés y San Juan (siempre durante los cambios estacionales).

Los jueces se asombraron con este testimonio porque suponían,  naturalmente, que los hombres-lobo eran agentes del diablo. Pero ahora oían que éstos luchaban contra el diablo...

Luego le preguntaron qué pasaba con las almas de los hombres-lobo, y Thiess afirmó que iban al cielo. Insistió en que eran enviados de los dioses y que ayudaban a la Humanidad, evitando que el diablo se llevara la abundancia de la Tierra.

Thiess contó a los jueces que también había hombres-lobo en Alemania y Rusia, que luchaban contra las brujas en sus propios infiernos.

Este hombre siempre negó haber firmado un pacto con el diablo. Rechazó ver al sacerdote de la parroquia, que había sido enviado para regañarlo, diciendo que él era un buen hombre, mejor que cualquier sacerdote.

Finalmente, los jueces sólo condenaron a Thiess a darse diez latigazos por los actos de idolatría y por sus creencias supersticiosas.