La Historia del Minotauro Parte III El rey cretense Minos, furioso por la huida de Teseo, encarceló al arquitecto del laberinto, el glorioso Dédalo, y también a su hijo Ícaro. Ambos fueron recluidos en una alta torre. Ícaro y Dédalo planearon escaparse fabricando alas con las plumas de las aves que volaban cerca de la torre, pero Ícaro murió durante el escape porque había volado demasiado arriba –dado que deseaba ver el carro dorado de Apolo– y entonces la cera que unía las plumas se derritió. Cabe mencionar que la pelea que libraron Teseo y el minotauro fue representada con frecuencia en el arte griego.
Algunas inscripciones muestran un vértice del laberinto donde se halla el héroe Teseo, y en el otro extremo se dibuja al temible minotauro rodeado de pequeñas esferas, que probablemente representan estrellas, dado que uno de los nombres del monstruo era Asterión (que significa “estrella”). La caída del minotauro marcó la suspensión del tributo ateniense al gobierno de Creta. Se han hallado las ruinas del palacio de Minos, en Cnosos, pero no existe ninguna evidencia de la construcción del laberinto mitológico. Sin embargo, el gran número de habitaciones, escaleras y pasillos que tenía el palacio ha llevado a los arqueólogos a creer que el edificio en sí era la fuente de inspiración del mito. Por otra parte, algunos arqueólogos y mitólogos contemporáneos creen que el minotauro es una personificación minoica del dios fenicio Baal-Moloch. Según A. B. Cook, Minos y el minotauro son dos formas del mismo personaje, que simbolizaría al sol-dios de los cretenses. Cabe mencionar que la hipótesis es viable: este pueblo representaba al Sol con la forma de toro. Por este motivo, Cook y J. G. Frazer explican la unión de Pasifae con el toro como una “ceremonia sagrada”. Siguiente tema:
Una visión teatral del Minotauro
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