Una visión teatral del Minotauro

Aquí, una visión distinta del extraño triángulo amoroso entre Teseo, Ariadna y el minotauro.
El ovillo dorado
Personajes : Ariadna – Teseo – Minotauro – Rey Minos – Pasífae.
(La acción transcurre en la isla de Creta, en Grecia)
Acto único
Escena I
(Teseo y Ariadna se despiden en la puerta del laberinto construido por el mítico arquitecto Dédalo, prisión donde yace encerrado el minotauro.)
Ariadna.- (con voz temblorosa) Teseo, amor mío... (derrama una lágrima) Prométeme que te cuidarás.
Teseo.- (sonriendo) Descuida, no me sucederá nada. Tu brillo me salvará.
(Teseo da media vuelta e ingresa al laberinto apretando el hilo dorado entre sus manos. Se despide de Ariadna y desaparece en el corredor de piedra.)
Ariadna.- (sola) No te preocupes, yo te protegeré; es por ti por quien vivo. Y de ser necesario, será por ti por quien muera (entra al laberinto, escondiéndose de la mirada de Teseo, y sigue el rastro de su amante.) Pienso en ti y mi vida se estremece.
Escena II
(En el palacio de Creta)
Pasífae.- (furiosa) ¿Dónde está mi hija? ¡Exijo que me respondan!
Rey Minos.- (estupefacto) ¿Qué es todo este alboroto en nuestro palacio? ¿Cómo puede ser posible que tales gritos procedan de una dama?
Pasífae.- ¡Sospecho que nuestra hija se fugó con uno de los prisioneros atenienses!
Rey Minos.- (incrédulo) ¿Con quién?
Pasífae.- Con el hijo de Egeo. ¡Esto es por tu culpa! ¡mandaste a Teseo al laberinto, lo cual hizo que nuestra hija abandonara la calma y la tranquilidad de su hogar para intentar rescatar a su amado!
Rey Minos.- Habrá sido una locura juvenil, la cual tendrá su merecido castigo.
Escena III
(Dentro del laberinto Ariadna continúa persiguiendo a Teseo)
Teseo.- Me siento observado ¿qué es esa sombra? (da media vuelta para ver mejor) Percibo que algo se esconde entre las paredes de este laberinto (vacila) Debe ser mi imaginación (sigue avanzando) ¿Dónde puede estar ese monstruo de cuernos tan horribles? ¿Qué pared será tan alta como para ocultar tanta fealdad? Siento que la hora señalada se está acercando, y con ella huelo el sabor de la muerte, pero no de la mía, sino de la horrorosa criatura (se detiene) ¡Allí está, durmiendo! Puedo escuchar su húmeda respiración; puedo oler la sangre de las víctimas que emana de su boca... (baja el tono de su voz) No puedo hacer ruido, temo que despierte... Debo ser cuidadoso y no caer en la desesperación (se acerca al minotauro, eleva su espada reluciente sobre la cabeza de toro, y exclama) ¡Esto es por los hombres que has matado y...
Ariadna.- (vociferando) ¡Detente! ¡No permitiré que lo hagas!
(El minotauro se despierta)
Teseo.- (sorprendido) ¿Qué haces aquí, Ariadna?
Ariadna.- (fingiendo inocencia) ¡No lo sé!
Minotauro.- (irritado) Yo sí lo sé. Tú (dirigiéndose a Teseo) vas a ser mi cena.
Teseo.- (valeroso) ¡No podrás conmigo! (a Ariadna) ¡No temas, yo te cuidaré!
Ariadna.- (melancólica) No es por mí por quien temo...
(El Rey y la Reina irrumpen en el laberinto)
Rey Minos.- Ariadna, hija mía, ¿qué haces aquí? ¡Tu madre te ha buscado por todas partes!
Ariadna.- ¡Déjame en paz, padre! Si vine aquí ha sido por amor.
Rey Minos.- Tú sabes que Teseo podrá salvarse de la muerte gracias a tu ayuda, así lo profetizan los oráculos. No puedes hacer nada más aquí, estás poniendo en juego tu vida sin sentido.
Ariadna.- (con tristeza) Es que ninguno de ustedes lograría comprenderme. Sólo mi corazón y yo sabemos lo que ocurre.
Teseo.- (turbado) Ariadna, por favor, explícame qué sentimiento podría ser más profundo que el que existe entre nosotros dos.
Minotauro.- (interrumpiendo la conversación) Eso, por favor, explíquenme rápido qué está pasando aquí. Vienen a estorbar mi sueño y todavía no logro comprender la situación. A propósito, estoy empezando a sentir hambre...
Pasífae.- (espantada) ¡Cálmese, minotauro, ya nos marchamos!
Minotauro.- (impaciente) No se tarden (refunfuñando) estos juegos amorosos no me agradan.
Ariadna.- (nerviosa) Creo que ha llegado el momento de confesar lo que siento (mirando a Teseo) Debo decirte que no es a ti a quien amo. El obsequio del ovillo dorado no ha sido para salvarte de las garras del minotauro sino para seguirte yo misma y salvarlo a él, mi amado, de tu espada valerosa.
Teseo.- (balbuceando) ¿Qué quieres decir, Ariadna? (con desesperación) ¿ibas a dejar que me matara? ¡No puedes enamorarte de una fiera!
Minotauro.- (acongojado) ¡Seré una fiera, pero mi corazón no es una piedra! (lloriqueando) Yo... confieso que nunca, nadie, jamás, me había mirado con tanta ternura (una lágrima infantil atraviesa su áspera mejilla) Ariadna, el brillo de tu mirada me ilumina y le da sentido a mi existencia miserable. Soy una fiera, sí, pero mi corazón no es de piedra.
Teseo.- (cabizbajo) Me voy. Ya no tengo nada más que hacer en esta historia (Sale del laberinto.)