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Disputas coloniales contra la piratería en el Caribe
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Muchas de las ciudades en el Dominio español se sustentaban a sí mismas durante el primer tercio del siglo XVII, pero pocos habían logrado la prosperidad. Los asentamientos más precarios en Jamaica y en Hispaniola eran más que nada lugares para aprovisionar los barcos con agua y comida. Trinidad siguió siendo un puerto de contrabando donde los productos europeos eran baratos, y se pagaban buenos precios por el tabaco y el azúcar.

Las colonias inglesas en Saint Kitts y Nevis, fundadas en 1623, se volverían lugares con plantaciones de azúcar exitosas. Otro asentamiento inglés en la isla Providence se había convertido en la base para los corsarios ingleses y otros piratas que atacaban los dominios españoles.

En la isla anglo-francesa de Saint Christophe (llamada ‘Saint Kitts’ por los ingleses) los franceses tenían la mayoría. Los habitantes franceses eran más que nada católico, mientras que la presencia colonial francesa del noroeste de Hispaniola (la futura Haití) estaba poblada más que nada por protestantes que se habían establecido allí sin permiso español para escapar de la persecución de los católicos. A Francia no le interesaban los problemas con los hugonotes, pero la colonización del oeste de Hispaniola les permitió deshacerse de esa minoría religiosa y golpear a España. Los ambiciosos hugonotes también reclamaban la isla de Tortuga y establecieron el asentamiento de Petit Goave allí. Tortuga era el paraíso de los piratas y los corsarios, y era amada por los contrabandistas de todas las nacionalidades.

Disputas coloniales contra la piratería en el Caribe
Disputas coloniales contra la piratería en el Caribe

Las colonias holandesas en el Caribe siguieron siendo pocas hasta el segundo tercio del siglo. Junto con los asentamientos de corsarios tradicionales en las Bahamas y Florida, la compañía holandesa de las Indias estableció una ‘factoría’ (pueblo comercial) en Nuevo Amsterdam en 1626 y en Curazao en 1634, una isla ubicada justo en el centro de la costa caribeña del norte de Venezuela que era el punto perfecto para ser ruta marítima.

Hambruna europea y repercusiones coloniales

La segunda mitad del siglo XVII del Caribe también estuvo signada por los eventos ocurridos en Europa. Para Holanda, Francia, España, y el Sacro Imperio Romano. La Guerra de los Treinta años había tenido como consecuencia el surgimiento de las hambrunas y las plagas que llegaron a matar entre el tercio y la mitad de la población alemana. Inglaterra, luego de evitar enredarse en las guerras europeas, cayó víctima de una guerra civil que dio a luz a la brutal dictadura del Puritanismo (1649-1660) de Cromwell. De todos los grandes poderes europeos, España era la que estaba en peores condiciones económicas y militares. La pobreza era tal que dio lugar a una rebelión contra el gobierno ineficaz del rey Felipe IV, que eventualmente fue sofocada por la Corona Española.

Sin embargo, los desastres en Europa creaban nuevas oportunidades en el Nuevo Mundo. Las colonias del imperio español fueron muy descuidadas a mediados de siglo XVII a causa de los diversos males que sufría España. Los piratas y corsarios, experimentados a causa de las décadas sucesivas de guerras europeas, saquearon los casi indefensos asentamientos españoles con facilidad y poca interferencia de parte de los gobiernos europeos, que estaban demasiado preocupados para prestar atención a sus colonias. Las colonias no españolas estaban creciendo y expandiéndose a lo largo del Caribe, impulsadas por el gran crecimiento de inmigrantes que huían del caos y de la falta de oportunidades económicas en Europa. Aunque muchos de estos inmigrantes se establecieron y crearon plantaciones, otros tomaron la vida de bucaneros. Mientras tanto, los astutos holandeses, finalmente libres de España luego de que el Tratado de Westfalia (1648) terminara con la Guerra de los Ocho Años (1568-1668) contra los Habsburgo, hicieron una fortuna comerciando los productos manufacturados europeos en las nuevas colonias. El comercio pacífico no era tan provechoso como la piratería, pero era un negocio más seguro.

Hacia la segunda mitad del siglo, Barbados se había convertido en la capital no oficial de las Indias inglesas. Se trataba del puerto comercial soñado en este período. Los productos europeos se encontraban disponibles por doquier, las cosechas de azúcar de la isla se vendían a precios especiales, y el gobernador de la isla no se encargaba de reforzar ningún tipo de regulación comercial. Las colonias inglesas en Saint Kitts y Nevis eran fuertes económicamente y estaban bien pobladas, ya que la demanda de azúcar en Europa crecía cada vez más e impulsó las economías de las colonias. Los ingleses también expandieron su dominio en el Caribe y establecieron muchas islas nuevas, incluyendo Bermuda en 1612, Antigua y Monserrat en 1632, y Eleuthera en las Bahamas en 1648, aunque estos asentamientos comenzaron igual que los demás, primero pequeñas comunidades que no podían sustentarse.

Los franceses también fundaron colonias nuevas en las islas de Guadeloupe en 1634 y en Martinique en 1635. Sin embargo, el corazón de la actividad francesa en el Caribe en el siglo XVII siguió siendo Tortuga, la fortificada isla reservada para corsarios, bucaneros y piratas. La principal colonia francesa del resto de Hispaniola era Petit Goave, que fue el punto de apoyo francés que luego se transformaría en Haití. Los corsarios franceses todavía usaban ciudades de anclaje para atacar los cargamentos españoles en el Canal de Florida, así como para saquear el cargamento que navegaba por las rutas marítimas de la costa norte de Cuba.

Para los holandeses, la isla de Curazao era el equivalente del puerto de Barbados para los ingleses. Este puerto grande, rico y bien defendido, abierto a los barcos de todos los estados europeos, ofrecían buenos precios por el azúcar que se re-exportaba a Europa y también vendían grandes cantidades de productos manufacturados a cambio a los colonos de cada nación en el Nuevo Mundo. Un segundo puerto libre controlado por ellos se había desarrollado en la isla de San Eustasio, establecido en 1636. La constante guerra entre los holandeses y los ingleses por la posesión de este puerto en la década de 1660 dañó la economía de la isla y su atractivo como puerto. Los holandeses también establecieron un asentamiento en la isla de Saint Martin que se convirtió en otro refugio para los plantadores holandeses de azúcar y sus esclavos africanos. En 1648, los holandeses acordaron dividir la próspera isla a la mitad con los franceses.