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Estatus legal

El estatus de los bucaneros como piratas o corsarios era ambiguo. Por regla, los bucaneros se llamaban a sí mismos piratas, pero muchos navegaron bajo la protección de una carta de marca otorgada por las autoridades británicas o francesas. Por ejemplo, Henry Morgan fue avalado por la ley para poder realizar sus ataques.

Sin embargo, estos hombres no se preocupaban mucho por cuestiones legales, y se dedicaron a explotar cada oportunidad de saqueo en dominios españoles, sin importar si la carta de marca estuviera o no disponible. Muchas de las cartas de marca usadas por bucaneros eran inválidas, y cualquier forma de papel legal en esa época analfabeta podía pasar por carta de marca. Además, incluso esos bucaneros que poseían cartas válidas a menudo no cumplían con los términos acordados; el ataque de Morgan en 1671 a Panamá, por ejemplo, no fue autorizado por la comisión del gobernador de Jamaica.

El estatus legal de los bucaneros fue complicado por la práctica de las autoridades españolas, que los consideraban heréticos e intrusos, y por eso los colgaban sin importar si sus ataques tenían el aval de los monarcas franceses o ingleses.

Más acerca de los bucaneros
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Al mismo tiempo, los gobernadores de Francia e Inglaterra tendían a mirar para otro lado cuando los bucaneros atacaban a los españoles, incluso sin licencia. Pero como el poder español comenzó a decaer a fines de siglo XVII, los ataques bucaneros comenzaron a dirigirse hacia los comerciantes de Francia e Inglaterra que negociaban en América. Los mercaderes que antes habían visto a los bucaneros como una defensa contra España ahora los veían como una amenaza al comercio, y las autoridades coloniales se volvieron cada vez más hostiles contra ellos. Este cambio en la atmósfera política puso fin a los bucaneros.

Cultura bucanera

Cien años antes de la revolución francesa las compañías bucaneras se regían por la libertad, la igualdad y la fraternidad, aunque solo entre los miembros blancos de la tripulación. En un barco bucanero el capitán era elegido y podía ser depuesto por los votos de la tripulación. Ellos, y no el capitán, decidían  el destino de cada viaje y si atacar o no a un barco particular. El modelo democrático bucanero fue adoptado por muchas tripulaciones piratas posteriores.

Los botines se repartían en partes; el capitán recibía la cantidad acordada por el barco, además de una porción del dinero. Las tripulaciones generalmente no tenían un salario regular, ya que les pagaban partes de lo robado, sistema llamado ‘sin compra, no hay paga’ o ‘sin presa, no hay paga’. Había un fuerte ‘espíritu de cuerpo’ entre los bucaneros. Esto, combinado con su número creciente, les permitió ganar batallas marítimas y saqueos costeros. También hubo por un tiempo un sistema de seguro social que garantizaba compensación por las heridas de guerra.

Un mito común acerca de los bucaneros consistía en que  eran racialmente iguales y liberaban a los esclavos cuando capturaban barcos. De hecho, los bucaneros participaron en la sociedad esclava de su tiempo, vendiendo esclavos como botín e incluso regalando esclavos a bucaneros heridos como forma de compensación. Sin embargo, es cierto que la relación entre los oficiales y hombres bucaneros era mucho más igualitaria que la que tenían los hombres en los navíos mercantes o navales de su tiempo.

Los bucaneros de Tortuga también vivieron en parejas masculinas. Esta institución de parejas fue llamada ‘matelotage’ y los integrantes se llamaban ‘matelots’. Los ‘matelots’ compartían la cama, la comida, y la propiedad. No se sabe si eran de naturaleza homosexual, aunque está claro que los hombres heterosexuales también elegían ‘matelots’. Más aún, no hay evidencia de que el ‘matelotage’ existiera entre los bucaneros jamaiquinos como Henry Morgan, aunque los bucaneros de Tortuga navegaron con él y pudieron haber llevado esa costumbre a Jamaica.

La Guerra y los Bucaneros

Naval

Los bucaneros inicialmente usaron pequeños botes para atacar a los galeones españoles en forma sorpresiva, a menudo de noche, y subían al barco antes de que pudieran dar la voz de alarma. Los bucaneros eran excelentes tiradores y podían matar rápidamente a cualquier merinero u oficial a bordo. La reputación de los bucaneros como piratas crueles creció hasta que la mayoría de las víctimas se rendía, esperando sobrevivir.

Territorial

Cuando los bucaneros asaltaban ciudades, no llegaban al puerto y bombardeaban sus defensas, como solían hacer las fuerzas navales. Ellos ponían a sus barcos fuera de la vista de su objetivo, marchaban por tierra y atacaban las ciudades desde el lado interno, que generalmente era el menos fortificado. Sus ataques dependían de dos cosas: la sorpresa y la velocidad. Un ejemplo de este tipo de ataques es el realizado por Sir Henry Morgan en Portobello.