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Naves de Corsarios
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Cualquier tipo de barco podía ser un barco corsario. Los más grandes eran del tamaño y poder de pequeñas fragatas, mientras que las más chicas podían ser como una goleta de 4 armas. Algunas eran construidas como barcos de guerra. Algunos navíos eran barcos mercantes de largo alcance que hacían sus rutas comerciales tradicionales pero iban armados y listos para tomar ventaja de cualquier premio que se les cruzara.

Generalmente navegaban en forma independiente, pero en ocasiones formaban escuadrones o cooperaban con la marina. Varios corsarios fueron parte de la flota inglesa que se enfrentó con la Armada Española en 1588. De hecho, los primeros intentos ingleses de establecerse en Norteamérica fallaron en parte porque los barcos ingleses no tenían permitido dejar las costas de Inglaterra durante el enfrentamiento con la Armada, y todos los barcos mercantes eran considerados como potencialmente útiles para la defensa naval de Inglaterra.

Naves de Corsarios
Naves de Corsarios

Estados Unidos usó escuadrones mixtos de fragatas y corsarios en la Guerra de la Independencia. Luego de la Revolución Francesa, los corsarios franceses se convirtieron en una amenaza para los cargamentos británicos y americanos que iban hacia el oeste del Atlántico y el Caribe, lo que resultó en unas pseudo-guerra, un breve conflicto entre Francia y EEUU peleado en el mar.

Historia

Inglaterra hizo gran uso de los corsarios y a la vez sufrió los ataques de otros corsarios extranjeros. A fines de siglo XVI las naves británicas navegaban por el Caribe y las costas de España con el objetivo de interceptar el tesoro de las flotas españolas. El gobierno inglés creía que esto se justificaba porque la Armada Española había tomado los barcos de Sir Francis Drake y de Sir John Hawkins, que estaban tratando de vender esclavos africanos a colonias españolas aunque esta actividad era ilegal.

En esta primera etapa la idea de una marina regular no existía aún, por lo que es difícil distinguir esta actividad de la guerra naval regular. Los corsarios contaban con el apoyo de la reina Isabel I, quien en varias ocasiones prestó barcos y compró su parte en las expediciones. El ataque a las naves españolas era parte de una política de competencia agresiva con España, y ayudó a provocar la primera Guerra Anglo-Española. Muchos éxitos dependían de los corsarios. La captura del tesoro de un barco español enriquecía a la Corona y también daba un golpe contra la dominación española de América.

Magnus Heinason sirvió a los holandeses en su lucha contra España. Aunque lograban capturar una gran cantidad de dinero, estos ataques a duras penas detenían el flujo de oro y plata que iba desde México hasta España. La mayor cantidad de tesoros que llegaron a España se dio en el período de 1585 a 1603. Isabel tuvo como sucesores a los primeros  monarcas estuardos, Jaime I y Carlos I, que no permitieron la actividad corsaria. A mediados de siglo XIX la guerra marina irregular pasó de moda, quizás a causa del crecimiento de la importancia del comercio marítimo a naciones neutrales y también quizás debido a la dominación inglesa de los mares.

Hubo varias declaraciones unilaterales y bilaterales que limitaban la piratería entre 1785 y 1823. Sin embargo, la revolución llegó en 1856 cuando la Declaración de París firmada por todas las potencias europeas afirmó que ‘La actividad de los corsarios es y permanecerá abolida’. EEUU no firmó porque una enmienda más fuerte, la prevención de la captura de la propiedad privada en mar no fue aceptada. En el siglo XIX muchas naciones aprobaron leyes que prohibían a sus ciudadanos aceptar comisiones o corsarios para otras naciones.

La última potencia que tuvo contacto con los corsarios fue Prusia en la Guerra Franco-Prusiana de 1870, cuando Prusia anunció la creación de una ‘marina voluntaria’ conformada por barcos privados. La única diferencia entre esto y los corsarios era que los barcos voluntarios actuaban bajo la disciplina de la marina normal.

En la primera guerra Anglo-Holandesa, los corsarios ingleses atacaron el comercio del que todas las Provincias Unidas dependían al capturar más de 1.000 barcos mercantes holandeses. Durante la guerra con España, los corsarios españoles, incluyendo muchos con base en Dunkirk, capturaron a 1.500 mercaderes ingleses y lograron restaurar el comercio holandés internacional. El comercio inglés, ya fuera el costero, atlántico o mediterráneo, también fue atacado por corsarios holandeses y otros en la segunda y en la tercera Guerra Anglo-Holandesa.