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Nobunaga, Ieyasu y Hideyoshi
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Toyotomi Hideyoshi, que unificó Japón en 1590 y Tokugawa Ieyasu, que fundó el shogunato Tokugawa en 1603, fueron seguidores leales a Nobunaga. Ambos fueron premiados con los logros previos de Nobunaga, sobre los que construyeron la unificación del país. Había un dicho que decía ‘La reunificación es una torta de arroz. Oda la hizo. Hashiba la moldeó. Y al final, sólo Ieyasu la probó.’ (Hashiba era el apellido que Toyotomi Hideyoshi usó cuando todavía servía a Nobunaga).

Nobunaga, Ieyasu y Hideyoshi
Nobunaga, Ieyasu y Hideyoshi

Hideyoshi fue criado por campesinos pero llegó a ser uno de los principales generales de Nobunaga. Cuando llegó a ser gran ministro en 1586, creó una ley por la que la casta samurai debería ser codificada como permanente y hereditable, y también que los que no eran samurai tenían prohibido llebar armas, lo cual terminó con la movilidad social en Japón. Estas restricciones duraron hasta la disolución del shogunato Edo en las revoluciones Meiji. Hideyoshi aseguró su reclamo como el sucesor legítimo de Nobunaga al derrotar a Akechi Mitsuhide a un mes de la muerte de Nobunaga.

Es importante notar que la distinción entre los samurais y los no samurais era tan oscura, que durante el siglo XVI, la mayor parte de los hombres adultos de cualquier clase (incluso los pequeños granjeros) pertenecían a por lo menos una organización militar de su clase y servían en guerras antes y durante el gobierno de Hideyoshi. Se trataba de una situación de ‘todos contra todos’ que siguió así durante un siglo. Las familias samurai autorizadas luego del siglo XVII eran aquellas que elegían seguir a Nobunaga, Hideyoshi e Ieyasu. Se dieron grandes batallas durante los cambios entre los regimenes, y muchos samurai fueron destruidos, convirtiéndose en vagabundos.

Ieyasu compartió su infancia con Nobunaga porque era rehén del clan Oda. Aunque hubo varias batallas entre ambos clanes, Ieyasu eventualmente terminó siendo uno de los aliados más fuertes de Nobunaga.