El Juicio de la Condesa y sus colaboradores Parte I PARA EVITAR UNA “DESHONRA” El detective encargado de investigar el dilema de las desapariciones –el palatino Thurzó– ordenó a dos notarios recoger todas las evidencias encontradas en el castillo, en el año 1610. Incluso antes de obtener las muestras, éste discutió acaloradamente con los hijos de la condesa, especialmente con Paul y con dos de sus yernos. En caso de llegar a juicio y a una posterior ejecución de Elizabeth, las consecuencias habrían sido nefastas: las haciendas y propiedades habrían sido traspasadas a la corona, se habría desatado un escándalo público y deshonrado una familia noble e influyente. Cabe destacar que la familia de Báthory tenía enorme alcance: su pariente Gabriel Báthory era nada más y nada menos que el primer ministro de Transilvania... Era claro que, en caso de ser acusada de homicidio múltiple, Elizabeth Báthory iba a residir como prisionera de por vida dentro su casa, pero los castigos adicionales era mejor evitarlos... Por conveniencias políticas y de repercusión pública.
ARTAS Y PLEGARIAS Bathory decidió no presenciar su juicio y permanecer detenida intramuros... Thurzó la arrestó el 29 de diciembre de 1610. Según una carta que el palatino envió a su esposa, al momento de la detención sus hombres entraron al castillo y encontraron a una muchacha muerta, a otra moribunda y a muchas otras heridas. Mientras la condesa Báthory estaba presa en su propio hogar, el 7 de enero de 1611 se inició el juicio, la sentencia y condena de sus colaboradores y secuaces. El tribunal estuvo presidido por el juez Theodosious Syrmiensis de Szulo y veinte jueces del Real Tribunal Supremo. La sentencia fue terminante: homicidio múltiple con intervención de brujería y vampirismo. Un pergamino con una extraña plegaria fue hallado en manos de Elizabeth Bathory a la hora de ser arrestada. La plegaria decía lo siguiente: “Dios mío, ayúdame... Tu pequeña nube, cuando estoy en peligro, me envía noventa y nueve gatos... Ordena a tus noventa y nueve gatos que acudan velozmente a morder el corazón del rey Matthias. Ordénalos morder, también, el corazón de Moses Cziraky y el de mi primo, el primer ministro. Ordénales que arranquen y mastiquen el corazón de Red Megyeri”.Siguiente tema: El Juicio de la Condesa II |
