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Tren Transcontinental
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El Acta del Tren Pacífico de 1862 finalmente consiguió el pasaje del tren transcontinental del sueño a la realidad. Las líneas de trenes existentes, sobre todo las que pertenecían al Union Pacific, ya habían llegado a Omaha, Nebraska. El Central Pacific, que comenzaba en Sacramento, California, se extendió hacia el este a lo largo de las Sierras para unirse con el Union Pacific que se dirigía al oeste. Los dos se unieron finalmente en el Promontory Point, Utah, el 10 de Mayo de 1869.Gracias a la creación del tren los viajes a lo largo del país se redujeron de cuatro meses a una semana.

La construcción del tren requería seis actividades principales: estudio de la ruta, construcción de túneles y puentes, limpieza del camino, ubicación de las vías ferroviarias, y mantenimiento y aprovisionamiento de los equipos con comida y herramientas. El trabajo era muy intenso a nivel físico, ya que se usaban martillos, raspadores, picas, hachas, cinceles y otras herramientas. Algunas máquinas a vapor, como la pala mecánica, también se usaron. Cada riel de hierro pesaba 700 libras (320 kg.) y requería de la fuerza de cinco hombres para ser levantada. Para las detonaciones usaban pólvora, nitroglicerina, y cantidades limitadas de dinamita.

Tren Transcontinental
Tren Transcontinental

El Central Pacific empleó a más de 12000 trabajadores chinos que constituían el 90% de su fuerza de trabajo. El Union Pacific empleó más que nada a irlandeses. Los trabajadores llegaban a hacer dos millas de vías por día, pero se los presionaba para que hicieran más. Cada hombre levantaba algunas toneladas de peso por día. Debido al apuro por terminar el proyecto, los errores de ingeniería causaron el colapso de las vías y de las curvas mal calculadas. Los trenes que estaban por debajo de los estándares necesarios también eran un serio problema. Los defectos se volvieron todavía más obvios con los viajes de cargas, lo cual causó muchos accidentes, y la línea eventualmente necesitó de millones de dólares para reparar y reemplazar los caminos en mal estado.

Con los préstamos y las subvenciones, el gobierno federal estimuló la adquisición de tierra y capital necesario para el proyecto. Leland Stanford, antiguo gobernador y parte del grupo de empresarios conocidos como los ‘Cuatro Grandes’, vendió bonos y acciones de la empresa para financiar la construcción, con ayuda de hombres ricos de Wall Street como Jay Golud, quien se conectó con inversores de los EEUU y Europa. El negocio era riesgoso, dado el alto costo de la construcción, y los bonos necesarios para mantener el interés alto y atraer a los inversores.

Los miles de dólares usados en el proyecto y la participación de muchos grupos que sacaron provecho del asunto terminaron en la corrupción y el tráfico de influencias. Los dueños de las dos constructoras, usando principalmente ‘dinero de la gente’, aseguraron sus ganancias con los negocios turbios y fondos destinados a sobornar a los oficiales del gobierno.

La peor corrupción se encontraba en la Crédit Mobilier de George Francis, la empresa de construcción del Union Pacific, que, según el escritor Richard White, involucró a ‘docenas de congresistas, un secreario del tesoro, dos vicepresidentes, un candidato líder a la presidencia, y un eventual presidente. Causó un escándalo que persistió por cuatro elecciones presindeciales. Otras empresas de trenes, incluyendo a Credit Foncier de América, Train own y el Hotel Cozzens, triunfaron luego de pulir la imagen ferroviaria. El más destacado fue el proyecto del Northern Pacific que fracasó al vender sus bonos, lo cual llevó al colapsó de Jay Cooke y su compañía, y llevó a dispara el pánico financiero de 1873. La más rentable de las líneas transcontinentales fue la del tren Great Northern, que recorría la parte norte de los EEUU, otorgando servicio de carga para la zona del noroeste. El costo de transporte en el Great Northern era de 2.88 centavos por tonelada en un principio, cayendo a menos de 80 centavos hacia 1907.

A pesar de los problemas de ingeniería y de los escándalos políticos, el tren transcontinental fue una gran ayuda para abrir la frontera hacia el Oeste. En su primer año, 150,000 pasajeros hicieron el viaje por ‘placer, salud, o negocios’ y disfrutaron de ‘carros lujosos y casas de comidas’ como se publicitaba en el Union Pacific. Los habitantes fueron animados con promociones para ir hacia el Oeste en viajes de investigación y comprar tierras cerca de la línea ferroviaria y para usar los trenes como fletes. Los trenes tenían ‘Oficinas de Inmigración’ que publicitaban la ‘tierra prometida’ en el exterior. Los ‘Departamentos de Tierra’ ferroviarios vendieron tierra con planes convenientes. Las Grandes Planicies, una venta ‘más dura’ que las tierras de Oregon o de California, fueron promovidas como ‘una pradera lista para ‘el arado’ que sólo requería ‘trabajo diligente y economía para asegurar la recompensa temprana’.

El tren transcontinental desarrolló líneas troncales y secundarias, y el rápido crecimiento de Omaha con el crecimiento de una red ferroviaria que se extendía desde la ciudad y eventualmente llegó a cubrir la mayoría del Oeste. Los trenes posibilitaron la transformación de los EEUU de una sociedad agrícola a una nación industrial moderna. No sólo llevaron los productos del este al oeste y los productos agrícolas al este, sino que también ayudaron al establecimiento de las ramas occidentales de las compañías orientales. Los negocios de correo crecieron rápidamente, llevando los productos urbanos a las familias rurales, a veces dominando a las compañías locales y forzándolas a quebrar.

La construcción y operación de los trenes, que requirieron vastas cantidades de carbón y madera, impulsaron las industrias mineras. La mayoría de las industrias se beneficiaron de los precios bajos del transporte y de la expansión de los mercados llevada a cabo gracias a los trenes. Los trenes también produjeron un profundo efecto social. El viaje en tren llevó familias de inmigrantes al Oeste, y las mujeres cada vez se sentían menos intimidadas por el viaje. El vasto número de mujeres y niños que emigraban hacia el oeste ayudó a estabilizar y domar algunos de los pueblos de la frontera salvaje, ya que los habitantes se organizaron y formaron escuelas, reforzaron la ley, las iglesias y otras instituciones que apoyaban la vida familiar.