echo $title ?> Los kobolds domésticos están ligados a un hogar específico. Algunas leyendas afirman que cada casa tiene un kobold en ella, sin importar los deseos o necesidades de sus dueños. Los medios por los que un kobold entra a una nueva casa varían de historia en historia. Según una de las tradiciones, el kobold entra a la casa anunciándose a si mismo de noche, y deja como señal de que estuvo ahí astillas de madera alrededor de la casa, además de poner basura o estiércol de vaca en la leche. Si el amo de la casa deja las astillas de madera y bebe la leche, el kobold entra a vivir allí. El kobold Hinzelmann del castillo Hundermuhlen llego en 1584, y se anuncio mediante golpes y sonidos. Si alguien se compadece de un kobold cuando éste toma la forma de una criatura mojada y fría, y lo lleva adentro para calentarlo, el espíritu entonces toma ese lugar como residencia. Una tradición de Perleberg cuenta que el dueño de casa debe seguir instrucciones específicas para atraer a un kobold a su casa. Debe ir el día de St. John al bosque entre la medianoche y la una de la mañana. Cuando encuentre un hormiguero con un pájaro sobre él, debe decir una frase determinada que hace que el pájaro se transforme en una persona pequeña. La figura entonces salta a una bolsa sostenida el dueño, y así puede llevarlo a su casa. Aunque los sirvientes vayan y vengan, el kobold se queda.
Los kobolds hogareños solían vivir en el área principal de la casa, aunque algunos relatos los ubican en partes menos frecuentadas del hogar, como los establos y graneros o las bodegas de cerveza de las hosterías. De noche, estos kobolds realizaban las tareas que los humanos dejaban incompletas: limpiaban los establos, alimentaban al ganado y a los caballos, lavaban las ollas y platos y barrían la cocina. Otros ayudaban a los comerciantes y vendedores. Una leyenda de Colonia afirma que los panaderos de la ciudad, a principios del siglo XIX, nunca necesitaban ayuda porque todas las noches el kobolds conocido como Heinzelmanchen hacía todo el pan que necesitaban. De la misma manera, los kobolds que vivían en las bodegas de cerveza de las hosterías la fabricaban, y además limpiaban las mesas y lavaban las botellas y los vasos. Esta asociación entre los kobolds y el trabajo dio lugar a un refrán corriente en el siglo XIX en Alemania, que decía que una mujer que trabaja rápidamente ‘tiene un kobold’. Los kobolds traen bienestar a la casa en la que viven en la forma de granos y oro. Una leyenda de Saterland, documentada por Thorpe en 1852, cuenta sobre un kobold llamado ‘el Alrun’. A pesar de tener un pie de altura, la criatura podía llevar una carga de centeno en su boca para las personas con las que vivía, y lo hacía diariamente siempre y cuando recibiera sus galletas y leche. El dicho ‘tener un Alrun en el bolsillo’ significa ‘tener suerte en el juego’. Sin embargo, los regalos de los kobolds pueden ser robados, ya que, según algunas leyendas, son demoníacos y malignos. A pesar de esto, los campesinos alimentan a los kobolds con la esperanza de que le siga trayendo regalos. El enriquecimiento inesperado de una familia era atribuido a la llegada de un nuevo kobold a la casa. Los kobolds traen buena suerte y ayudan a sus anfitriones siempre y cuando éstos los cuiden. Hinzelmann se ocupaba de encontrar las cosas que se habían perdido; solía cantar la siguiente rima: 'Si tú me dejas vivir aquí/ buena suerte tendrás/ pero si me persigues/ la suerte nunca vendrá a este lugar’. Tres famosos kobolds (el Rey Goldemar, HInzelmann y Hodekin) advirtieron sobre determinados peligros a los dueños de las casas donde vivían. Hinzelmann le dijo a un coronel que tuviera cuidado cuando saliera a cazar. El hombre ignoró la advertencia y terminó disparándose por accidente. Hinzelmann apareció y le dijo: ‘Ves, ahora has recibido el peligro del que te había hablado. Si no hubieras disparado esta vez, la desgracia no hubiera caído sobre ti’. El kobold Hodekin, que vivía con el obispo de Hildesheim en el siglo XII, advirtió en una ocasión al obispo sobre un asesinato. El obispo entonces tomó posesión de las tierras del asesino, y las unió a las del obispado. A cambio de esta ayuda, la familia debía dejar una porción de su comida (o de cerveza) para el espíritu, y además tenían que tratarlo con respeto y nunca burlarse de él. Los kobolds esperan ser alimentados en el mismo lugar y a la misma hora todos los días, o, en el caso del Hutchen, una vez a la semana y en vacaciones. Según una tradición, su comida favorita es la sémola o las gachas. Algunos relatos cuentan que los kobolds tenían su propia habitación; el kobold Hinzelmann poseía una habitación en el castillo donde vivía, totalmente amueblada. Se creía que el Rey Goldemar dormía en la misma cama que Neveling von Hardenberg, y que había pedido un lugar en la mesa y un estable para sus caballos. Keightley cuenta que la doncella que deja su empleo en una casa, debe advertir a su sucesora sobre los cuidados del kobold. Siguiente tema: Kobolds: Espíritus del hogar Parte II |
