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Vampiros Griegos: Vrykolakes
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EL DESTINO DE UN CUERPO

El gran miedo que los griegos sentían por los vampiros, antes del siglo XX, sólo es comparable a la imaginación romántica de la época victoriana.  

El suelo de Grecia posee grandes terrenos erosionados por el mar, que forman valiosos depósitos para el cultivo. Y la Iglesia griega prohíbe la cremación de los cadáveres… Por lo tanto, la tierra destinada al entierro de los cuerpos resulta escasa.  

La práctica habitual se basa en enterrar a los muertos en la tierra por un lapso de tres años, después de lo cual los huesos son exhumados ante la presencia de los parientes, y luego se colocan en un osario.

Si transcurridos los tres años se descubre que el cuerpo no se ha descompuesto como debería ser, se cree que sigue habitado por un alma encarcelada, que se alimenta de la sangre de los hombres vivos para seguir manteniéndose.

Tales cadáveres se han convertido en vampiros… Y las primeras presas son sus parientes cercanos. Además, se cree que los vampiros son capaces de engañar a la gente adoptando el aspecto de seres vivos ordinarios.

Vampiros Griegos: Vrykolakes
Vampiros Griegos: Vrykolakes

UNA HISTORIA MACABRA

Existe una célebre historia de vampiros, nacida en la isla de Karpathos. Un hombre llamado George Nouaros se preparaba para ir a dormir y, al pasar por su granero (situado en la aldea de Othous), notó que una de sus vacas lo miraba fijamente, después miraba a la puerta y comenzaba a mugir fuertemente.

El granjero se asombró, porque su animal nunca se había comportado así antes... Levantó su lámpara y observó entre las sombras; vio que su vaca temblaba con la cola erguida y seguía mirando fijamente a la puerta, como si estuviera asustada.

Nouaros rezó en voz baja e hizo la señal de la cruz. De pronto sintió que alguien golpeaba a la puerta y preguntó “¿quién es?”. Una voz familiar le respondió: “soy yo”.  

Era su socio, un sacerdote. El granjero abrió la puerta y vio a su amigo. “¿Qué pasa?”, preguntó Nouaros. “Tenemos que volver a la aldea, nuestro tercer socio ha caído gravemente enfermo”. El granjero ensilló su mula, tomó una antorcha ardiente de la estufa y salió con el sacerdote. Éste lo llevó por un camino escarpado, a orillas de un acantilado peligroso. Nouaros notaba algo extraño y comenzó a temer por su vida.

Pero nada podía hacer: el hombre era su socio. Finalmente, después de mucha angustia, miedo y pavor, llegaron a la aldea. Pasaron por la Iglesia del Panayia y, al atravesar el cementerio, el sacerdote desapareció mágicamente.

A Nouaros le extrañó el alejamiento de su socio… Después de aguardar un rato, se fue a su casa, tocó la puerta y lo atendió su esposa. Cuando el granjero le explicó que había viajado con el sacerdote, su esposa se puso pálida de golpe… Y le contó que su socio había muerto por la mañana.

Nouaros sintió una sacudida eléctrica en el cuerpo y se enfermó de los nervios… Jamás se pudo recuperar de ese descubrimiento.

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